P. León Zito, defensor de los débiles y pocaluchas

20 de mayo del 2015

Si está cansado de abusos, torturas, faltas de respeto y reclamos injustificados (una mancha de labial en la camisa puede ser incluso labial de la abuela), pues quizás pueda encontrar esta historia inspiradora y revolucionaria. Echemos Vaina encontró a una suerte de superhéroe que recorre las calles capitalinas en busca de los ofendidos, de aquellos […]

Si está cansado de abusos, torturas, faltas de respeto y reclamos injustificados (una mancha de labial en la camisa puede ser incluso labial de la abuela), pues quizás pueda encontrar esta historia inspiradora y revolucionaria.

Echemos Vaina encontró a una suerte de superhéroe que recorre las calles capitalinas en busca de los ofendidos, de aquellos que no son escuchados, con el único objetivo de brindarles justicia, libertad y un par de copas.

Se trata de Pedro León Zito, más conocido como P. León Zito, quien se hizo superhéroe a punta de matrimonios fallidos y de empleos que no lo satisficieron (ni a sus empleadores que lo despidieron).

Todo comenzó cuando P. León Zito encontró insoportable la convivencia con su primera esposa, Elsa Polindo, quien le pidió que se hiciera cargo de las labores de la casa mientras ella se dedicaba a las labores de parto. “Es el colmo”, pensó él, y le pidió el divorcio a los pocos días. Con su segunda esposa, Dolores Delano, sufrió lo insufrible: por ella tuvo que aprender a cocinar, ya que ella trabajaba doce horas diarias para mantenerlos. P. León Zito siempre la culpó de no enseñarle a usar la olla a presión, así que no considera que sea su culpa que el apartamento haya volado en pedazos. El clímax del desespero con su tercera esposa, Ester Mozobicho, se dio durante el final de la telenovela Amar y vivir, que P. León Zito había seguido fielmente. Cuando se develaría el secreto más importante, la voz de su mujer lo alertaba. “¡Rompí fuente, gordo!”. “No estoy para bromas”, diría un ansioso Pedro León. No obstante ella siguió gritando: “¡Rompí fuente, gordo!” Entre lágrimas y recriminaciones, P. León Zito llevó a su mujer al hospital, y jamás le perdonaría aquella muestra de brutal egoísmo, muy a pesar de que aquella era la sexta vez que veía el episodio final de la telenovela, que años atrás había grabado en VHS.

Tras sobrevivir a estas experiencias horrorosas con sus mujeres, se asombró al imaginar millares de hombres, trabajadores y fieles, que podrían estar corriendo una suerte similar.

Ideas para su vestimenta salieron de TarzánBatman, Blancanieves y Sex In The City. Como un superhéroe que se respete, P. León Zito esconde su identidad tras una máscara rejuvenecedora de aguacate y clara de huevo, viste un slip de luchador grecoromano, en la que su esbelta figura, de embarazada nuevemesina, se destaca, y lleva una bata de satín que obtuvo por sus logros deportivos en el centro de recreaciones Royal Garden.

Lector asiduo del Quijote, en el gimnasio, P. León Zito recorre las calles deshaciendo agravios y salvando a pobres diablos de las garras peludas de la injusticia y de las suegras. Muchas veces vencido y con moretones producidos por sartenes, rulos y esparadrapos depiladores, P. León Zito vuelve a aquellos hogares que necesitan una mano (a veces de pintura) para hacer respetar los derechos de aquellos hombres que malviven entre llantos y limpiones multiusos.

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En la imagen, P. León Zito a punto de vencer a una esposa posesiva

En la imagen, P. León Zito a punto de vencer a una esposa posesiva

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