Pacto con el diablo

9 de septiembre del 2012

Éste es un análisis del los futuros diálogos de paz que adelantará el gobierno con la guerrilla de las FARC.

Santos es consciente que si Uribe no pudo acabar militarmente a las FARC en ocho años utilizando estrategias bélicas, él no podrá hacerlo en cuatro. Por eso hace un pacto, un pacto con el diablo.

La semana pasada sucedió lo impensable. Se filtró la noticia que no escuchábamos los colombianos hace por lo menos diez años: el Gobierno está adelantando diálogos de paz con la guerrilla más vieja del mundo, FARC.

La bomba a todos nos tomó por sorpresa. A las fuerzas militares, al Judicial, al Legislativo,  a los colombianos, a los periodistas, a Álvaro Uribe. La gran mayoría recibieron la noticia entre el escepticismo y el júbilo de escuchar un discurso diferente al de la guerra.

Desde cuando Belisario Betancur  adelantó un proceso de paz interrumpido con las FARC, se han adelantado tres intentos más. Durante este tiempo ha habido muchas interrupciones, desvíos, nuevos conflictos, nuevos actores armados y algunos éxitos. Virgilio Barco adelantó un proceso de paz exitoso con el M-19 mientras el narcotráfico hacía de las suyas en todos los rincones de un Estado cuestionado y, por otro lado, las autofedensas- futuros paramilitares- se aliaban con los cárteles de la droga.

La exitosa desmovilización del M-19 llevó a que varios de sus militantes conformaran un partido político se izquierda llamado Alianza Democrática M-19. Sin embargo, años antes Belisario Betancur había adelantado un proceso de paz con las FARC; como producto de eso nació la Unión Patriotica. A todos los asesinaron. Los asesinaron porque el Estado no estaba preparado para tener un partido de izquierda.

Samper, por su parte, le reconoció a la FARC su papel como actor político, mientras en la época del gobierno de Gaviria solo se miraba como un grupo criminal. Pastrana es el presidente que más fama le dio a un proceso de paz: una es por la parafernalia con la que fueron presentados los diálogos de paz y la otra por el fracaso de los mismos.

El gobierno no puede emular los fracasos de los anteriores procesos de paz. No puede permitir planes diseñados por Estados Unidos para acabar militarmente con las FARC mientras se desarrollan los diálogos de paz, como el Plan Colombia que fue el que acabó con el proceso de paz que adelantó el gobierno de Pastrana y a través del cual se le hizo un daño incalculable al país. Santos hizo bien en desarrollar los diálogos fuera del país, fuera de la locura mediática de las noticias, de los supuestos, de los metidos, de los chismes de parte y parte. Si él y su gabinete definieron los garantes en los futuros diálogos, por ningún motivo pueden permitir la impertinencia de otros con ganas de hacerse ver.

Ahora bien, que el Gobierno pueda adelantar diálogos de paz con las FARC es, en primer lugar, a raíz de los resultados obtenidos en el gobierno de Álvaro Uribe. Hay que reconocerlo. Este grupo guerrillero quedó debilitado luego de un sometimiento de una guerra de bala y de persecución hasta la muerte; guerra de la cual también hizo parte Juan Manuel Santos, cuando él fue ministro de Defensa.

El Gobierno, como primer garante de estos diálogos de paz, debe aceptar que las FARC van por representación en la política de este país ad hoc el proceso de paz prospere. Nacieron como un grupo que estaba en contra de la política tradicional que se ejercía en la década de los 50, y no va a morir hasta cumplir ese que es quizás su principal objetivo. Además de tener en cuenta la Reforma Agraria, pues la tierra siempre ha sido un problema a lo largo de la historia política de este país.

Para nadie es un secreto que si el presidente logra un proceso de paz con la guerrilla de las FARC, se cubriría con la sábana mesiánica y tendría la llave de una posible reelección. Por eso es que Uribe está refunfuñando, porque su ideal era derrotar a las FARC y quedarse, como buen papa, en el poder hasta el final de sus días. Infortunadamente para él se le adelantó otro con más astucia, que usó sus logros bélicos, mientras era ministro, para llegar a la Presidencia,  y que posteriormente le aprendió de sus errores para, posiblemente, quedarse en el poder por cuatro años más, si acaso.

Santos es consciente que si Uribe no pudo acabar militarmente a las FARC en ocho años utilizando estrategias bélicas, él no podrá hacerlo en cuatro. Por eso hace un pacto, un pacto con el diablo.

Adenda: Los medios de comunicación no pueden caer en el juego de publicar lo que dicen las partes de los actores que no quieren un proceso de paz. Tienen que filtrar la información y publicar lo que para un proceso es importante, sean buenas o no. Esos que hablan sin saber son los metidos con ganas de hacerse ver. Yo tengo esperanza en este futuro proceso de paz.

Twitter: @sebastiandiazlo

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