Paju Eloy Guerrero y el cine turgente

8 de abril del 2015

Hoy recordamos al aclamado director cubano Paju Eloy Guerrero, quien se hizo famoso por amenazar a sus actores con quitarse la vida si no le hacían caso. Desde su adolescencia, Paju Eloy siempre quiso ser un director de sinfónica, pero su sordera y la artrosis en sus manos se lo impidieron. De modo que le […]

Hoy recordamos al aclamado director cubano Paju Eloy Guerrero, quien se hizo famoso por amenazar a sus actores con quitarse la vida si no le hacían caso. Desde su adolescencia, Paju Eloy siempre quiso ser un director de sinfónica, pero su sordera y la artrosis en sus manos se lo impidieron. De modo que le “tocó”, según él, convertirse en “uno de los más importantes directores del cine latinoamericano”.

Durante la universidad desarrolló la idea de mostrar en imágenes la efervescencia del instante, sugerido por las sagas Emmanuelle y Los Muppets, que siempre lo perturbaron. Con esas preocupaciones intelectuales, creó el grupo “Los Turgentes”. El controversial clan desarrolló su propio manifiesto, publicado por el Instituto Cubano de Mecánica Automotriz; seleccionamos sus más revolucionarios aportes:

* Los primeros planos nunca podrán ser los segundos ni terceros, y ni se diga de los primerísimos primeros planos. Y nunca pasarán a segundo plano.
* Siempre colocar el rollo en la cámara.

* Las escenas de cama están prohibidas, a menos que el equipo técnico esté muy cansado y quiera una siesta.
* Diálogos largos serán cortados por el estilista.

* En interiores, se debe filmar a oscuras. Nadie quiere mucha luz en paños menores.

Con estos preceptos, Paju Eloy Guerrero filmó su primera película, Muerte a pajazos, un western sobre un desorientado vaquero que lo ha perdido todo, excepto la virginidad, y en un duelo con espigas de paja es muerto por una monja octogenaria. La película fue bien recibida por la crítica psiquiátrica, que premió al director con la estancia de un año en las magníficas instalaciones del manicomio de La Habana.

Luego de su paso por el asilo, Paju Eloy emprendería su proyecto más ambicioso, que hoy se conoce como la trilogía del tren. Su primera cinta es El tren a tu casa, que describe en tres horas el tren que se arma con una canción de merengue en una fiesta de los quince años de una joven. Recibió un Grammy por su coreografía. La segunda, Un tren llamado deseo, presenta a un futbolista talentoso que muere heroicamente cuando un malvado director técnico le ordena a sus jugadores que le den “un tren de pata”. Esta cinta recibiría la Palmada de oro del Festival de Cannes, por los desgarros de sus actores y las inquietantes tomas del equipo de filmación bromeando al director, lo que un crítico francés llamó “la quintaesencia de lo metafílmico”. Paju Eloy cierra su trilogía, bellamente, con La espera, noble historia épica en la que sus protagonistas, angustiosos, esperan la llegada del tren para escapar del yugo militar, en aquel olvidado pueblo que ni siquiera tiene estación ferroviaria.

Paju Eloy siempre quiso mostrar ese nervio vivo del fracaso, y como pocos lo pudo representar en su persona, más que en sus películas. Fracasó hasta para suicidarse. Murió en La Habana al ser comido por un camarón gigante. Sus restos reposan en el estómago del crustáceo. Su nombre es Camarita, en honor al cineasta.

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En la fotografía, Paju Eloy Guerrero, en el set de grabación de El tren a tu casa.

En la fotografía, Paju Eloy Guerrero, en el set de grabación de El tren a tu casa.

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