“¡Paren el mundo, que me quiero bajar!” (Mafalda)

“¡Paren el mundo, que me quiero bajar!” (Mafalda)

18 de junio del 2017

A lo largo de estos días de lluvia he estado leyendo a la primera filósofa que conocí: Mafalda. Y debo confesar que la descubrí hace más o menos veintidós años, gracias a mi papá, tal cual me la presentó, como filósofa. Y así ha permanecido para mí.

Todavía me parece increíble que muchas de las inquietudes de nuestro tiempo permanezcan desde la aparición de esa niña, dejando ver hoy que lo fundamental no ha cambiado, aunque hayan cambiado muchas cosas:

“Mafalda: ¿Has pensado qué vas a ser cuando grande?
Felipe: ¡Uf!… Hay tiempo para eso
Mafalda: ¿Hay tiempo?… ¿Y si cualquier día se arma una guerra atómica y espichamos todos? ¡La humanidad despachurrada! ¡Horror!
Felipe: En ese caso no llegaremos a grandes
Mafalda: ¡Mirá que sos macabro, ¿eh?”.

Y pensar que ocurrió hace más de medio siglo, en el año 1963, cuando a Joaquín Salvador Lavado -Quino-, le encargaron crear una historieta para promocionar los electrodomésticos Mansfield, de la firma Siam Di Tella, con el requerimiento que el nombre debía comenzar por la letra M. El personaje principal, una niña, recibe el nombre de Mafalda, la campaña publicitaria nunca se realiza y Quino guarda algunos de sus personajes. El 29 de septiembre de 1964, nace Mafalda en el semanario “Primera Plana” de Buenos Aires. Luego llegan entrañables personajes como Felipe, Guille, Manolito, Susanita, Libertad.

En una entrevista en “La Opinión Cultural”, el domingo 3 de diciembre de 1972, Quino responde preguntas sobre este singular personaje y sus amigos: “Al principio Mafalda era una niña que decía malas palabras, que llegaba adonde estaban su padre y su madre y les hacía preguntas y ellos respondían. Luego hubo necesidad de ampliarla y dibujé a Felipe, que era un contra-Mafalda. Después agregué a Manolito, a Susanita; todos entraron como contra-personajes. El hermanito de Mafalda apareció porque un día estaba apurado y no se me ocurría nada. Entonces decidí poner que Mafalda iba a tener un hermanito y después tuve que seguir la idea. Ahora ya el hermanito habla correctamente, dejó la zeta y pronuncia bien la ere.”

Pero luego el personaje se convierte en algo así como la conciencia crítica de la humanidad, pues vive en un mundo lleno de conflictos, de proliferación de dictaduras militares, de guerras, de injusticia, y nunca silencia sus opiniones, las emite con un humor fino, irónico, mordaz a veces. En el acta de uno de los tantos premios concedidos a esta popular historieta se destaca “cómo esa niña de melena corta y negra, vestida con trajes de lunares, percibe la complejidad del mundo desde la sencillez de los ojos infantiles y cómo sueña con cambiarlo por otro más digno, justo y respetuoso con los derechos humanos”.

Para celebrar cincuenta años de vida profesional, en noviembre de 2006, Quino respondió múltiples preguntas de los lectores del diario español “El País”. A través de algunas de sus repuestas se puede decantar la importancia de Mafalda, la chiquilla que afortunadamente no creció nunca. Alguien señaló que a Mafalda le preocupaban temas como la guerra nuclear, los Beatles, la sopa, y le preguntó a Quino qué temas ocuparían hoy el imaginario de su personaje: “Los mismos, porque también siguen preocupando las armas nucleares. Antes era cuando los chinos buscaban la bomba atómica, hoy son otros países. La temática desgraciadamente es la misma. La sopa… significa algo que nos quieren imponer cotidianamente y tenemos que aguantarnos porque día tras día nos lo imponen.” Yo agrego que hoy, una década después de ese conversatorio de Quino con sus lectores, las cosas siguen igual, o peor.

Sin embargo, para el padre de nuestro querido personaje, el mundo caótico y enrevesado que le tocó vivir a Mafalda, que medio siglo después sigue siendo el mismo, quizás con algunos de sus problemas más agudizados, al final del camino deja vislumbrar luces de esperanza. Así lo afirma cuando responde a una pregunta “¿Piensas que, a pesar de todo, esto tiene arreglo? Yo creo que tenemos la obligación de pensar que lo tiene, porque si no nos abandonaríamos todos y dejaríamos de luchar, de crear y de pensar. Cuesta creer que tenga arreglo, y no sé cuándo será, pero, aunque sea mentira tenemos que creer que sí se va a arreglar.”

Esta última idea es algo que podemos pensar también aquí, aplicado a nuestra propia realidad. A pesar de todo lo malo que ha pasado, de que hayamos tenido los peores gobiernos en los últimos cincuenta años, a pesar de que nos provoque “bajarnos del mundo” como decía Mafalda, acontecimientos como el reciente paro de maestros, el enorme apoyo popular que consiguió y sus resultados favorables a la educación, a las aspiraciones de los colombianos a tener una nación más educada, nos hacen creer que es cierto el lema que ha popularizado Jorge Enrique Robledo, quien suele decir que “este país sí tiene arreglo”.

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