Pecados Capitales – Ira o la valentía del Autoperdón

23 de febrero del 2015

Jamás olvidaré la aterradora ocasión en que una loca de la calle -sí, una enajenada mental.

Jamás olvidaré la aterradora ocasión en que una loca de la calle -sí, una enajenada mental- me pegó airadamente con un palo.

Como todo evento en la vida, aquél no se trataba de un hecho aislado, sino que era una proyección física de mi mente, y ésta fue una muy literal!

De dónde podía venir un acto tan lleno de odio, a mansalva y por la espalda? Pues de esas mismas intenciones hacia mi misma. Siempre había dicho que mi mente charlatana era la loca de la casa y con frecuencia reconocía cuánto palo yo me daba. Gracias al –literal- palazo, opté por tener más compasión conmigo.

La gente que no se miente a sí misma, sabe que la vida está llena de subidas y bajadas, seguridad y variedad, éxitos y fracasos, etc. Y si bien, juzgamos muchas de esas cosas en los demás, es con nosotros mismos con quien más implacables somos.

Nada tan difícil como aceptar nuestros traspiés. Las crisis no se dan por los eventos que consideramos desafortunados, sino por la ira generada por el ‘hueco’ evidenciado entre la versión ideal de nosotros mismos y la que en realidad terminamos siendo.

Elizabeth Gilbert dice algo que parece un trabalenguas, pero que me dio mucha paz: “Auto perdonarse es aceptar que no era posible que pudiera haber sabido, lo que no sabía, antes de que finalmente lo supiera.”

Nos da ira no haber sabido antes cómo manejar mejor lo que nos llevó a nuestros desaciertos! Y eso es muy injusto! Cómo saber de nuestras más importantes lecciones, antes de aprenderlas?

Perdonar exige coraje, porque exige el reconocimiento de nuestros lados más oscuros que no conocíamos: los lados arrogantes, interesados, envidiosos y avaros.

Tengo muchas razones para agradecer al vehículo con el que recorrí un camino ‘desacertado’ -por no haber arrojado los resultados que yo quería-, porque sabía que aquél no había sido el problema, sino el camino por donde yo decidí llevarlo.

Gracias al vehículo me encontré de frente con mis lados oscuros: tomé la vía de la necesidad de reconocimiento, ambición de dinero y de estatus… Por eso, emprender el camino de regreso a la bifurcación donde no fui leal a mi ser, exigía mi propio perdón.

Con un invaluable inventario de experiencias, de amigos, de coraje, de humildad, de recuperar fe en mi misma, en Dios y en la humanidad, lo que más aprecio, es que en ese vehículo recorrí el camino que me devolvió a mi misma.

El más grande riesgo es vivir una vida donde no se corre riesgo alguno, y volver a emprender un viaje requiere coraje, pero sobre todo el de perdonar la versión más joven de nosotros que no sabía (incluso un día o una hora más joven)!

La deslealtad de otros nos da ira, pero sus actos y nuestros juicios son nuestro propio reflejo. La propia compasión es el inicio hacia la compasión hacia otros. Así empezamos a cambiar el mundo y de paso evitamos un palazo en la calle!

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