“Mujercitas” y la oportunidad de recordar quienes somos

5 de febrero del 2020

Por: Carlos Yaya.

“Mujercitas” y la oportunidad de recordar quienes somos

“Mujercitas” es un libro escrito por Louisa May Alcott y ha sido adaptado siete veces a la televisión y siete veces al cine. Si bien la historia original sigue a las cuatro hermanas March desde la niñez hasta la adultez, la nueva reiteración adaptada por la escritora y directora Greta Gerwig cuenta la historia de cuatro mujeres adultas quienes, al enfrentar pesadas circunstancias, regresan a su pasado para redefinirse como trabajadoras, artistas, madres, hermanas y esposas.

Meg, la mayor, sufre por su actual condición económica. Su familia está a punto de caer en la pobreza pues su esposo no puede proveer lo suficiente, y ella piensa que está destinada a más…

Jo es una escritora que migró a una gran ciudad para sostener a su familia económicamente. Apasionada y con un carácter muy fuerte, Jo todavía no ha encontrado los temas suficientes para destacarse creativamente; tiene que vender historias sensacionalistas para poder ganar dinero y eso la hace desconfiar de su capacidad para expresarse con su arte…

Beth es la hermana introvertida. Es una talentosa pianista pero teme destacar incluso dentro de la seguridad de su hogar, y su vida se encuentra en riesgo por el regreso de una enfermedad…

Amy, la menor, se considera la última esperanza para el sostén de su familia. Si bien tiene que que casarse con alguien rico, desea ser antes la mejor pintora del país y reafirmar su talento antes que perder su independencia y que su patrimonio e identidad pasen a ser la propiedad de alguien más…

Emma Watson, Saoirse Ronan, Eliza Scanlen y Florence Pugh, son extraordinarias actrices que nos introducen a la frustración de cuatro jóvenes que están al borde del resto de sus vidas. Aquí entra el talento de Gerwig, cuya estructura narrativa permite que el presente se articule con el recuerdo de cuatro niñas que encontraron su identidad en la seguridad de su relación fraternal, la ausencia obligada de su padre, la inmensa paciencia de una madre, y la amistad de sus vecinos.

A pesar de la recurrencia a la infancia, la obra de Gerwig no se siente engañosa con su nostalgia. El pasado parece un recurso que permite que estas protagonistas entiendan que, durante su niñez, realizaron concesiones que determinaron su identidad y su presente: el abandono de una pasión mal vista en

una mujer, la esperanza de un matrimonio difícil pero lleno de amor y sacrificio, el valor del arte como terapia y expresión y no como sensacionalismo con utilidad económica, desventuras y caprichos que forjaron su carácter, y pequeños actos de bondad que culminan con tragedia.

Dichos recuerdos y apreciaciones llegan dentro de una narrativa muy segura de sí misma. No solo la producción, vestuario y escenografía nos permiten adentrarnos en el mundo estadounidense posterior a la Guerra Civil, la producción en su totalidad también resulta introducirnos a nuestra actualidad.

Por más progreso que podamos determinar en el rol de la mujer contemporánea como trabajadora y como madre, Gerwig somete a sus personajes a enfrentar hostilidades tanto desde afuera de su circulo familiar, como desde su relación con otras mujeres. Meg puede estar satisfecha con su matrimonio, pero es presionada por otras mujeres a invertir en una imagen de feminidad y estatus económico reflejada en su vestuario; Amy, en sus años tempranos, busca aliviar un conflicto con su hermana Jo destruyendo su trabajo artístico, para después darse cuenta que en su propio arte se encuentra en desventaja y puede ser descartado al compararse con el trabajo más actualizado de su competencia masculina; Jo tiene que someter su trabajo y creatividad a las exigencias de un mercado que todavía no valora la voz particular de una mujer; por último, Beth, quien parece ser la March destinada a una vida doméstica perpetua, resulta ser una joven que no es solo “la hermana callada”: a pesar de guardar su talento, continuamente apoya a sus hermanas y les hace reconocer el valor que tienen cuando no son capaces de verlo por si mismas.

“Mujercitas” no trae consigo un material que se permita estallar en nuevas ideas, pero la yuxtaposición de un presente complicado con el recuerdo de una infancia forjadora de carácter permite que la directora nos invite a regresar a lo más básico de nuestra identidad, a recordar que significamos para los demás, que nos apasiona, que nos enseñó a amar, que dejamos atrás para crecer y que estamos dispuestos a defender.

Carlos Yaya
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