Perdónanos, Alejandra Azcárate

7 de julio del 2012

Querida Alejandra: De antemano, te pido disculpas por interrumpir tus vacaciones en París. Debes estar muy ocupada caminando por los Campos Elíseos y, por lo tanto, que una completa anónima  te escriba una carta debe ser una total impertinencia. Te pido perdón si interrumpo alguna cena (si es que comer hace parte de tu itinerario) […]

Querida Alejandra:

De antemano, te pido disculpas por interrumpir tus vacaciones en París. Debes estar muy ocupada caminando por los Campos Elíseos y, por lo tanto, que una completa anónima  te escriba una carta debe ser una total impertinencia. Te pido perdón si interrumpo alguna cena (si es que comer hace parte de tu itinerario) o si resulta incómodo para ti que una bloggera cualquiera, que no tiene tu fama, ni tu belleza, ni tu cintura diminuta esté dirigiéndote unas palabras. Pero no puedo quedarme callada ante tanta ignominia, ante tanto irrespeto, ante tanta discriminación. Yo, en nombre de esa sociedad igualada e inútil, quiero pedirte perdón. 

Aprovecho este espacio para reivindicar lo que me parece una injusticia. Y lo digo porque siento que estamos siendo muy crueles contigo, y te voy a explicar por qué. Al final lo entenderás mejor: no te preocupes.

Imagino que  por  preparar con  tanto afán los últimos detalles de tu viaje a París,  olvidaste que tenías que escribir una columna para la revista Aló. Imagino que pensaste que debías salir del paso cuanto antes, que algo se te tenía que ocurrir, rápido, pues las vacaciones de verano te esperaban a la vuelta de la esquina. Es injusto, Alejandra, terriblemente injusto ¿A quién se le ocurre algo medianamente coherente si sabe que el sol de París la está esperando con los brazos abiertos en unas cuantas horas? Imperdonable, Aleja, imperdonable.

Te imagino entonces, la semana pasada, sin saber qué escribir,  dando vueltas por Twitter, viendo lo que trinan todos aquellos que sigues. Pensamientos van, pensamientos vienen, y, como una revelación, se te ocurre un título “7 ventajas de ser gorda” brillante, Alejandra, brillante: las mujeres quedarían felices. El tema era actual, de moda, no le harías daño a nadie y podías salir del paso en un dos por tres.  Las horas se agotaban. No había tiempo qué perder.

Te imagino, Alejandra, tan atareada escribiendo esto que siento lástima por ti. Te imagino cansada, con tus extensiones rubias revueltas sobre tu cara, escribiendo una columna de opinión ¿Para qué te metiste en esa vacaloca? tú no necesitas sentarte frente a un computador para ponerte a escribir y a pensar. Eso es para feos.  Tú estás para grandes cosas: la novela en que trabajas está disparada en rating, y ni se diga del reality en donde hiciste gala de tus mejores  argumentos para juzgar el talento de un malabarista o de un tirafuegos…. ¿Para qué, Aleja, para qué?  no necesitas hacer esto, piénsalo… pero bueno, eres una mujer de retos,  y lo hiciste. 

Después de un primer párrafo, en donde te excusas por estar tan buena, te explayas, como sapo (o como una gorda en bikini), a escribir lo que piensas sobre esos seres humanos que pena les debería dar salir a la calle. Y dividiste tu argumento en 7 grandes razones, como 7 fueron los pecados capitales o las maravillas del mundo. No son necesarios que los repita, no quisiera copiarte !por favor! esa es tu pluma, tu copyright. Todo ya lo dijiste, con una sabiduría espléndida, porque  ¿quién no se ha sentido maltratado cuando va a la playa y ve a estas mujeres -como yo- disfrutando las olas del mar con el único interés de ser felices? No hay derecho, Alejandra, !Qué horror!  El mundo es para mujeres como tú.  Ninguna debería reproducirse (o intentar hacerlo). Somos objeto de lástima y nadie nos tiene envidia (aunque no veo eso de qué nos sirve en la vida, pero bueno). Somos muy buenas amigas y así nos deberíamos quedar, aplaudiendo a mujeres como tú, que lo tienen todo, que se entregan a un hombre ( o a varios) como si fuera la primera vez, con miedo, con temor de que las dejen por una cola más parada o unas tetas más redondas. Que no son un sofá abullonado para abrazar, sino un escaparate o una mesa de patas firmes en una esquina de la habitación.

Y te pido perdón por  lo más importante: te pido perdón, en nombre de esta sociedad lípida y sedentaria, por llevar más de 48 horas hablando de un tema que como tú lo repetiste varias veces en una entrevista radial, es un tema intrascendente y frívolo. Bien lo dice el diccionario: lo intrascendente es aquello que no importa, que no aporta, que no trasciende. La culpa es nuestra, Alejandra, por fijar los ojos en ti, una persona que no tiene el tiempo ni la capacidad para pensar en la responsabilidad que tiene cuando se sienta detrás de un computador para escribir algo que pueden leer millones de personas en el mundo y ofender a miles más, excusándose que lo que escribe no tiene importancia. Ahí no podemos hacer nada, pero pudimos hacer otra cosa: pudimos dar clic en una equis que está en la parte superior derecha de las pantallas de nuestros computadores y olvidarnos de ti. Pero no lo hicimos. Te dimos una importancia que nunca has tenido, y nunca debiste tener.

De rodillas, Alejandra Azcárate, te pedimos perdón.

carito97 en Twitter

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