Muy a mi pesar Bogotá no es una ciudad para tener vehículo propio

Muy a mi pesar Bogotá no es una ciudad para tener vehículo propio

13 de noviembre del 2015

El precio de la gasolina, impuestos altamente costosos, el acecho de los policías de tránsito buscando ‘salvar’ económicamente su día, las medidas como el Pico y Placa, la intolerancia ciudadana, la falta de cortesía, por no decir brutalidad, de la mayoría de conductores, la inseguridad y sobre todo la Inmovilidad, (así con mayúsculas) generan que transitar en esta ciudad en carro o moto propios sea una labor caótica y estresante.

El transporte público, uno desorganizado, mal administrado e inseguro como el que tenemos en Bogotá, tampoco es solución para personas que necesitan desplazarse de una manera ágil, amena y decente, mejor dicho, con calidad, mientras cumplen sus laborales.

En respuesta a esa circunstancia han aparecido en el mercado del transporte un par de opciones diferentes. Dentro de las opciones interesantes para evitar dicho estrés encontré una que llenó mis expectativas, se trata de Mi Águila.

Esta nueva empresa, creada por colombianos, con la cual la compañía para la cual trabajo llevó a cabo una alianza comercial (cabe explicar que Mi Águila sólo atiende al sector corporativo, es decir presta su servicio a empresas y hoteles), me ha estado transportando los últimos días y no tiene comparación.

Mi Águila, según lo he averiguado con los conductores que me han transportado, solo cuenta con camionetas último modelo. Cuando el servicio es programado llegan cinco minutos antes y a la hora exacta de la cita llaman al celular del cliente para indicarle que ya se encuentran en la puerta de la casa. Cuando la cita es inmediata, los 10 minutos que máximo se demoran en llegar son verdaderamente 10 minutos. Si dicen 5 son 5.

Después de ingresar al vehículo, las frases que uno escucha y que en Colombia, en un medio de transporte tradicional, nunca se han llegado escuchar, son: “Muy buenos días señor. ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Qué ruta tomamos? ¿Desea que usemos el GPS para ver qué ruta es la más rápida? ¿Desea alguna emisora o música en especial o quiere viajar en silencio?

¿Desea agua? ¿Desea un dulce? ¿Desea aire acondicionado?”, y lo mejor de todo es que no hablan mientras uno no lo hace.

A parte de ser corteses con el cliente, los conductores no son agresivos a la hora de conducir. Manejan con decencia y precaución. Aún no es un servicio para particulares, hoy en día únicamente trabajan con empresas, movilizando a sus respectivos empleados.

El costo del servicio es un poquito más alto que el de un taxi, pero no es elevado a la hora de analizar el servicio con la calidad que ofrecen. Para ellos el cliente es su bien más preciado y lo consienten y eso es algo que nunca habíamos sentido los usuarios de un transporte público-privado en Bogotá.

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