Poemas

21 de octubre del 2019

Por: Camilo Villegas.

Libros viejos

Compré en la papelería de un centro comercial un cuaderno muy bonito de tapa dura para escribir un libro de poemas. Pero parece que los poemas solo me salen si los escribo en cuadernos viejos con hojas sucias. Y aunque mis poemas son muy buenos, doy fe de ello, se convierten en malos al pasarlos a limpio en el nuevo cuaderno, como si los poemas no fueran partidarios de aquella forma de desclasamiento.

Una señora que vende cigarrillos en una de las esquinas del barrio Santa Fe en alguna ocasión me dijo: “Camilo, tu mundo, está en los cuadernos baratos, en el papel higiénico y en las libretas usadas. En la universidad escribí un libro de poemas en un cuaderno de contabilidad y finanzas, utilizando solo la columna de los “Ingresos”. Y era genial, en serio que sí. Se lo entregué a un editorial de poesía muy importante, que decidió imprimir solo unos cuantos exclusivamente para coleccionistas. Pero una vez publicados resultaron defectuosos, como si los hubiera escrito en la columna de los “Egresos”.

Mis poemas solo eran buenos mientras permanecían en papeles arrugados, manchados y mugrientos. Es decir; a condición de no existir. Eso me desanimó, pero no dejé de escribirlos. Tengo muchos. No puedo demostrar que son estupendos porque se deterioran apenas los muestro. Continúo comprando cuadernos costosos, de los que venden en grandes almacenes. Pero todos ellos permanecen vírgenes, esperando un montón de poemas imposibles. Cada 28 días y solo para que me sienta mal, los poemas ovulan y sangran como un útero triste.

Soy un magnifico poeta indemostrable. Escribo poemas sucios en las esquinas de las páginas de las revistas, en los periódicos, en las paredes de mi casa, en los espacios libres de las cajas de zoloft, en los miércoles y jueves de todas las agendas, en el reverso de la publicidad que recibo en la calle y también en las formulas médicas, incluso en la palma de la mano y en la muñeca, a la altura por la que suicidas se abren las venas. Pero lástima porque si alguien los lee, se vuelven malísimos, del mismo modo en que la salida del sol destruye una rumba electrónica.

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