Política mafiosa en Colombia

Política mafiosa en Colombia

22 de octubre del 2015

Un amigo me escribe desde Europa escandalizado por algo que ha leído en la prensa colombiana, según lo cual la Fiscalía afirma que de los 114.000 candidatos a las elecciones del domingo un total de 103.000 están judicializados. Efectivamente, es un dato escandaloso en otras latitudes, no en un país premoderno como Colombia.

Según la Fundación Paz y Reconciliación, la corrupción en el proceso electoral para los comicios del próximo domingo es galopante por la presencia de personas herederas de la parapolítica y de contratistas locales; parapolítica, con relación con grupos armados ilegales (Bacrim, Farc, ELN) y narcotraficantes; en relación con mafias de contratación local y que tienen en su contra investigaciones penales o disciplinarias por apropiación del erario público.

La tradición aquí es asegurarse una especie de inmunidad mediante la alianza con un senador o un representante a la Cámara para conseguir un aval político. Son redes que se alimentan de las instituciones públicas en los municipios y departamentos contratando a los líderes locales que los acompañan, quienes se encargan de conseguir personas que voten por los candidatos a cambio de que estos al ser elegidos, los nombren en algún cargo público en las regiones.

Nada de ideología política, nada de afán de servicio a la comunidad. Aquí de lo que se trata es de aplicar esa vieja norma que en México funcionó durante los 70 años de mandato del PRI: “Vivir fuera del presupuesto (de la nación), es vivir en el error”.

Lo que en el fondo ha pasado, sin que los colombianos le hayan puesto mucho cuidado al fenómeno, es que en este país la política se mafiaizó, si me permite un neologismo.

En Italia, cuna de mafias de muy variada escuela, la más conocida es la mafia siciliana. Luego está la camorra napolitana y, finalmente, la n’drangheta calabresa, casi desconocida por esta tierra pero cuyo estilo ha sido el de mayor penetración en la política colombiana.

La n’drangheta es la más peligrosa de las organizaciones mafiosas criminales, tiene muchísimo dinero líquido y, a diferencia de la mafia siciliana y de la camorra napolitana, no tiene arrepentidos que canten ante la policía porque está constituida exclusivamente por grupos familiares, con un control obsesivo del territorio en el aspecto geográfico, social, económico y político.

Ese carácter de férrea fidelidad al grupo y falta de soplones es lo que ha hecho de la n’drangheta la preferida de los carteles de cocaína colombianos para la distribución de la droga a nivel mundial.

A diferencia de las otras dos grandes organizaciones criminales la n’drangheta nunca mató políticos, periodistas, personajes públicos ni miembros de la Iglesia católica. Pero lo que hace más atractivo para los grupos políticos el estilo de la n’drangheta es su fuerte penetración social, el control de las actividades empresariales y su presencia en estructuras públicas como la sanidad. Exactamente lo que pasa en Colombia.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.