La Politiquería del Riesgo

La Politiquería del Riesgo

21 de abril del 2017

Venimos a acordarnos que la gestión del riesgo es un tema importante cuando ocurren los desastres, Mocoa y Manizales son las más recientes calamidades que nos refrescaron la memoria. Pero lo que pasa de agache en medio de todas estas noticias es la génesis politiquera que convierte terrenos normales en zonas de riesgo.

Todo empieza con un denominador común, las intervenciones humanas para erosionar los terrenos, alcahueteadas por Planes de Ordenamiento Territorial (POT) amañados a los intereses de terratenientes a quienes se les permite de manera indiscriminada, crear bastos potreros o monocultivos.

A este alcahueteo de las oficinas de planeación, completamente relacionado con pago de favores de campaña (clientelismo), se suman los invasores, un selecto grupo de ciudadanos que se dedican a construir cambuches en zonas de riesgo, donde, generalmente, está prohibido construir. Inicialmente edifican un cambuche, como prueba piloto, es decir, lo construyen, lo habitan y si el dueño del predio o las autoridades aparecen, lo abandonan, pero si no, comienzan a perfeccionarlo y después de algún tiempo, construyen una casa en madera o material.

Prontamente otros ilustres ciudadanos aparecen en el mismo sector a construir sus casas y en un abrir y cerrar de ojos, se constituye una “invasión”, en ocasiones autoridades intentan desalojar a estos ciudadanos, pero pocas veces tienen éxito pues suele ocurrir que los invasores acuden al auxilio de un concejal quien con tal de conseguirse esos voticos, “atarsana” al Alcalde o al Secretario de Gobierno para que “no molesten a esa gente” y no conforme con el mandado, en época electoral el concejal les colabora con tejas, cemento y ladrillos para que acaben de construir sus “ranchitos” o construyan unos nuevos.

Así, la “invasión” pasa a llamarse “caserío” y es allí donde empieza a captar el interés de más políticos quienes llegan a gestionar hasta servicios públicos y precarias vías para el sector. Es así como muchas invasiones terminaron convirtiéndose en importantes y poblados barrios en los municipios de nuestro país, para pasar a hacer parte de la interminable lista de las Zonas de Riesgo que en cualquier momento le entregaran un desastre como los vividos recientemente.

En el mejor de los casos, estas personas terminan reubicadas, con casas nuevas y regaladas en un sector sin riesgo, resumidamente, nunca compraron una casa, pero tienen una, la ilegalidad pagó. Algunos ilustres de estos ciudadanos, optan por vivir tan solo seis o doce meses en sus nuevas casas, para venderlas o arrendarlas y buscar un nuevo terreno para invadir, negocio redondo.

Es así como de la mano del clientelismo y la compraventa de votos, la politiquería se encarga, una vez más, de hacer estragos en el país, para que después salgan los gobernantes de turno a hacerse los sorprendidos con los desastres ambientales de moda por estos días pretendiendo pasar de agache con su complicidad en la génesis de estas calamidades.

Ni que decir de los incontables estudios, hechos por las corporaciones autónomas o las universidades, que con holgada anticipación anuncian sobre los diferentes desastres naturales que pueden ocurrir, pasan muchas administraciones que difícilmente se enteran de dichos estudios, o si los conocen deciden ignorarlos. Los cuatro elementos que componen la mayoría de desastres naturales en Colombia son: omisión, acción, corrupción y politiquería.

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