Por fin una propuesta sensata: vamos a castrar bestias

7 de junio del 2012

  El 4 de junio pasado el tema con el que abrió el programa Hora 20 fue la violencia de género, pero el punto de discusión pasó rápidamente a ser qué podemos hacer con los violadores, teniendo en cuenta que varios andan en las calles. De acuerdo con Gilma Jiménez, al año mil abusadores de […]

El 4 de junio pasado el tema con el que abrió el programa Hora 20 fue la violencia de género, pero el punto de discusión pasó rápidamente a ser qué podemos hacer con los violadores, teniendo en cuenta que varios andan en las calles. De acuerdo con Gilma Jiménez, al año mil abusadores de niños quedan libres por penas cumplidas.

Al programa asistieron Salud Hernández, periodista; Cristina Plazas, Alta Consejera para la Equidad de la Mujer; Olga Amparo Sánchez, de la Casa de la Mujer; e Iván González, que, de acuerdo a la página de Caracol, es experto en política criminal.

A mí me encantan las columnas de Salud Hernández en El Tiempo, sus argumentos me parecen serios, de una persona que conoce ciertas situaciones o personas y organizaciones que han sufrido las consecuencias del conflicto de primera mano. Pero su papel de columnista se opaca cuando habla por la radio, donde deja ver su verdadera capacidad argumentativa. En el programa, Hernández se despachaba contra los violadores, esas “bestias” que se deberían “podrir en la cárcel”. En la misma línea, aunque menos vehemente, estaba Cristina Plazas.

Sánchez, en cambio, hablaba sobre la necesidad de distanciarse de posiciones como aquella de referirse a estos enfermos como “bestias”: “Yo me separo de las posturas donde ponen a otro ser humano a que se pudra […] porque así sea un violador, tiene dignidad y se le tiene que respetar unos derechos…” A lo cual respondía Hernández: “Un violador de niños no tiene ninguna dignidad […] un violador, que se pudra, ¡que se pudra en la cárcel!” Sánchez aclaraba: “Precisamente por eso es que esta sociedad está como está, porque no tenemos valoración sobre el ser humano. Independientemente del crimen que cometa, yo creo que hay que considerarlo un ser humano. Y eso no quiere decir “no sanción” ni justificación, quiere decir que es un ser humano que no se puede tratar como un animal… En esta sociedad a todos los tratamos como animales, al que piensa distinto a mí, es una bestia […] lo más grave es que todo el que piense diferente es una bestia…” y añadía González, “Es que cuando lo reduces a una bestia, no hay que tocarla: las bestias o se amarran o se encierran o se matan, ese es un problema del que cogemos distancia…”

Uno de los planteamientos de Sánchez es que los casos de agresión contra las mujeres, dentro de los que están las violaciones, están más relacionados con aspectos estructurales de nuestra sociedad y que deberíamos preguntarnos por qué la sociedad “está generando este tipo de sujetos que atentan contra la integridad de las mujeres.” Sánchez traía a colación las siguientes cifras: de acuerdo con estadísticas de Medicina Legal, entre 2002-2009, 321.000 mujeres fueron agredidas en relaciones de pareja; 129.000 fueron agredidas sexualmente y se presentaron 328.000 mujeres agredidas por hombres que, de acuerdo a Sánchez, no son enfermos mentales.

A mí el cuento de la violencia contra la mujer como problema estructural de la sociedad me parece una real tontería de tufillo feminista. Me gusta más la actitud de Hernández, de aires iluminadores como los comentarios de Fernando Londoño, Francisco Santos, José Obdulio Gaviria, Álvaro Uribe, Gilma Jiménez, el procurador Ordoñez y Jorge Robledo, todos ellos portavoces de un público cada vez más grande. Basta ver los argumentos, el tono y la ortografía de los comentarios que dejamos a columnas con las que no estamos de acuerdo, muchos de una calidad que nos deja claro que la mayor deuda del gremio editorial colombiano es la publicación de una gran antología con los mejores.

Afortunadamente, estas luminarias pavimentan el camino para propuestas como la de la castración química de estas bestias como Garavito y compañía. La propuesta no podía venir de nadie más que de una de las luminarias del Senado: el senador Roy Barreras.

La propuesta tiene la lucidez de las soluciones absolutas. Las soluciones absolutas funcionan muy bien y no son nuevas. Puede dar fe de ello el despertar del nazismo, cuando Hitler, otra de las grandes luminarias del siglo xx, tuvo muy claro que la única manera de quitarse de encima la frustración del golpeado pueblo alemán era quitarse de encima unos cuantos millones de judíos, homosexuales, gitanos, comunistas y un largo etcétera.

Lo malo es que, como aquí todo se hace a medias, la propuesta de la castración química se limita a violadores. Propongo, más bien, que extendamos el alcance de esta propuesta a otros criminales, estos sí mucho más serios y de alcances más nefastos que la violación de unos cuantos miles de niños y mujeres: hagámosla extensiva a los que se roban los fondos destinados a la salud y a la educación, a esos que juegan con la calidad de la bienestarina y dejan colegios sin terminar.

Frente a los violadores todavía existe un umbral que permite alegar que son enfermos, pero de estos ladronzuelos son más bien pocos los que pueden darse el lujo de decir que, al robar, actuaron bajo el influjo de un estado psicótico. Por otra parte, por más largas que sean las penas que cumplan en prisión, cada vez más irrisorias gracias a los acuerdos que logran con la Fiscalía, las probabilidades de reincidir son bastante altas.

Las matemáticas no mienten. Gente como Garavito solo violó 172 niños, una cifra a todas luces irrisoria si la comparamos con los miles de niños que se quedan sin alimentación o educación por la corrupción de estos hampones.

Podemos incluso ser más visionarios y proponer un voto ciudadano por la castración química de personas que se vean beneficiadas por la corrupción: los que pagan por su libreta militar; los que sobornan agentes de tránsito; los que evaden impuestos; los que hacen uso de tráfico de influencias; el tipo que no revisó la hoja de vida del psiquiatra falso que, seguramente recomendado por alguien, trabajó por 10 años en Medicina Legal y expidió casi 2.000 dictámenes. Luego podemos pasar al personal de la línea de emergencia (la 123) que, según el Presidente, se encuentra absolutamente politizada. ¿A cuántos senadores podríamos castrar? Quizás el problema es que terminemos con una población mucho mayor de castrados, es cierto. Empezando por Roy Barreras. Pregunten por Caprecom.

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