Por qué no creer en el fin del mundo

5 de enero del 2012

El 2012 acaba de comenzar y aún hay quienes siguen creyendo obstinadamente, en Colombia y en el mundo, que al final de este año se acabará el mundo, pues así lo afirman las “profecías mayas”, de las que casi nadie sabe nada pero de las que todos hablan. Algunos sin duda se lo tomarán muy […]

El 2012 acaba de comenzar y aún hay quienes siguen creyendo obstinadamente, en Colombia y en el mundo, que al final de este año se acabará el mundo, pues así lo afirman las “profecías mayas”, de las que casi nadie sabe nada pero de las que todos hablan. Algunos sin duda se lo tomarán muy en serio. Sobran ejemplos de individuos que han creído en profecías similares y han echado su vida por la borda un día antes del anunciado Juicio Final sólo para encontrarse solos, arruinados y humillados en el nuevo despertar que no esperaban. Para no ir muy lejos, a principios del año pasado un desequilibrado (o increíblemente astuto) lider Cristiano llamado Harold Camping (parecido a esos que tocan a tu puerta y te vaticinan el Reino del Cielo en la Tierra, pero con mucho dinero y con radio propia) andaba anunciando, muy tieso y muy majo, que el día del llamado “arrebatamiento”, cuando las almas de bien sería llevadas al cielo a observar en compañía del Padre el juzgamiento de los malvados, sucedería el Mayo 21, 2011. El único juzgamiento que sucedió aquel día fue el que la sociedad le hizo al señor Camping por lo ridículo de su errado anuncio.

Otros, como las nuevas celebridades criollas de Twitter, se lo toman con humor y juegan con la tonta y repetida predicción de los Mayas. Creo que fueron las señoritas de la Bobada Literaria, quienes a pesar de negarlo sí saben hablar y además son muy chistosas y nos hacen reír a todos, quienes dijeron que este iba a ser un buen año porque se iba a acabar el mundo. Seguro que ni siquiera ellas saben lo que es b’ak’tun, aunque lo pueden encontrar fácilmente en Wikipedia, y tal vez ignoren que el calendario maya (o su versión larga) no es cíclico como el nuestro, ni está basado en el sistema numérico decimal inspirado por el número de dedos en nuestras manos, pero igual ellas también hablan de las profecías mayas, porque es un tema de moda. Otros que duermen tranquilos son los fanáticos de Volver al futuro, pues saben que el mundo todavía existirá en 2015, cuando Marty McFly trate de salvar a sus pobres hijos de la cárcel.

A mí los que de verdad me preocupan no son ni los ávidos televidentes del canal Infinito que venderán su casa el 20 de Diciembre próximo y se retirarán a morir tranquilos en algún terruño apacible, ni los intelectuales que se burlan de las predicciones y continuarán su vida normalmente después del próximo solsticio de invierno, sino aquellos que, sin llegar al extremo de darlo por cierto, segurán dándole el beneficio de la duda a las falacias mediáticas que pululan en los resquicios de la sociedad y que los obnubilan y los enceguecen, y los hacen creer como un hecho científico que en verdad existe la posibilidad de que la Tierra entera caiga en un agujero negro o que se estrelle con un planeta desconocido, o que Uribe volverá al poder, o que se inaugure una nueva era espiritual. Me preocupan porque son la mayoría y porque son los mismos que creen en otras falacias similares como la gran falacia católica o la gran falacia de la guerra en Irak, o la gran falacia de que Colombia es inviable sin José Obdulio. Se trata de las mayorías manipulables que acuden masivamente a las urnas de la falsamente sólida democracia occidental y a quienes no se les da la opción de otra explicación más ajustada a la razón y la lógica.

La verdad es que no existe nada más artificial que los calendarios humanos, sean ellos mayas, julianos, gregorianos u ortodoxos, y que sus ciclos (o la falta de ellos) poco tienen que ver con el destino del mundo. Alguien propuso hace poco un calendario en el que  mi cumpleaños siempre caería en viernes, y yo podría usarlo para inventarme mi propia predicción del fin del mundo. Así tal vez me haría famoso. Pero más nos valdría en Colombia la voluntad de quienes poseen los medios masivos de comunicación de llevar a las mayorías el mensaje de la razón en lugar del mensaje del consumismo, la religión y los temores infundados. Más nos valdría un programa que explicara el origen y el significado de la medición del tiempo en la historia de la Humanidad que otro reality embrutecedor o la Santa Misa de los domingos, o los consejos comunales del tirano de turno. Pero me temo que eso no sucederá, ni ahora ni después del Fin del Mundo.

Twitter: @juramaga

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