Prohibido pensar diferente

23 de febrero del 2015

Ha salido de El Colombiano uno de sus columnistas, Yohir Akerman, por pensar diferente a los directivos de ese periódico. Nada extraño, no es la primera vez que esto sucede en el diario de referencia de los antioqueños, pero el hecho de que sea esta una costumbre y marca distintiva de la casa no deja […]

Ha salido de El Colombiano uno de sus columnistas, Yohir Akerman, por pensar diferente a los directivos de ese periódico. Nada extraño, no es la primera vez que esto sucede en el diario de referencia de los antioqueños, pero el hecho de que sea esta una costumbre y marca distintiva de la casa no deja de ser preocupante y repudiable. Se empieza no admitiendo las ideas de los demás y se termina apoyando cosas peores.

No entro en el fondo del artículo de Akerman, discutible como toda opinión expresada con respeto en cualquier medio. Entro en el hecho de que una voz deba ser silenciada por “alejarse de unos principios” que, según la nota del periódico, son el “debate” y la “argumentación” cuando la realidad es que con la actitud de sus directivos precisamente es eso lo que se coartando.

Creo que los tres valores fundamentales de todo periodista son la libertad, la fidelidad y la curiosidad, aunque soy consciente de que el único inalienable es el tercero, pues tanto la libertad como la fidelidad a los hechos están permanentemente amenazados. La primera porque los medios siempre pertenecen a alguien con intereses que se puedan ver afectados por opiniones contrarias a estos, y la fidelidad porque la exigencia cada vez más acuciante de inmediatez atenta muchas veces contra la reflexión y el sosiego para valorar los hechos.

En el caso de un columnista, que para ejercer como tal lo que más necesita es libertad, puede verse fácilmente lo frágil que es ésta en casos como el que nos ocupa. Todos sabemos que El Colombiano no es precisamente un dechado de liberalismo pero como medio influyente que es de la sociedad se le supondría pluralismo de ideas.

En sus páginas se ha defendido con vehemencia el exilio de la señora María del Pilar Hurtado en Panamá, se ha dicho que el caso de Agro Ingreso Seguro era para desprestigiar a Álvaro Uribe y se ha pedido que se deje en paz a los hijos del expresidente y que no se cuestione la naturaleza de sus negocios; se ha defendido la reelección de Uribe “hasta que el país afiance su inmadura y débil democracia” y, como era lógico, se atacó a la Corte Constitucional por haber hundido el referéndum que impidió perpetuarse en el poder a “un hombre que ha demostrado un inagotable amor por Colombia”. Para citar solo hechos más o menos recientes.

Queda, pues, claro de qué pie cojea el diario paisa en un país tan necesitado de diálogo, de pluralismo de ideas y tan polarizado y crispado hoy como es hoy Colombia.

Sus dueños son muy libres de liderar el pensamiento más reaccionario y cavernícola de este país desde hace muchos años, lo preocupante es que El Colombiano sea el diario más leído de Antioquia y que su influencia sea decisiva en la opinión de las gentes de esa importante región del país, decisiva muchas veces en el destino de los colombianos.

@Juan_Restrepo_

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