Propuesta a favor de la estupidez

3 de junio del 2011

En plena campaña para elecciones locales, tengo una propuesta que puede ser acogida por cualquier candidato, de izquierda o derecha, alcaldía o gobernación. En los últimos meses hemos visto decenas de casos de crímenes en los que muchas veces nos enfrentamos a una persona culpable pero que fue asaltada en su buena fe, o que simplemente fue víctima de las circunstancias al tomar una decisión equivocada. Son los crímenes de estupidez. Y no creo que estos actos deban ser castigados con cárcel, al menos si suceden en sus “justas proporciones”.

Nuestros legisladores saben esto. Por eso no aprobaron la ley que daba cárcel a los conductores bajo los efectos del alcohol. Ellos saben que conducir borracho es una consecuencia de una rama específica de la estupidez, que llamamos irresponsabilidad. Además, cuando uno está borracho es un idiota, y por eso la disculpa de siempre es “Que pena, estaba borracho”. Y a uno lo perdonan, porque muy en el fondo sabemos que la estupidez es causante y atenuante de los actos criminales, vandálicos o simplemente vergonzosos. Por eso existe la ley seca.

Yo perdono a Sammy, porque más que un criminal fue incompetente, que es parecido a ser estúpido. Y entiendo a Valerie Domínguez, presa de otra rama de la estupidez llamada amor. La cárcel no es un castigo justo para estos casos, es demasiado excesivo. Y pensando en esto, recordé los automóviles con placas diplomáticas o con stickers de discapacidad. Son registros para conceder ventajas o comprensión a personas con desventajas físicas o con la plata suficiente. Eso es lo que debemos hacer con los brutos: Registrarlos, matricularlos, darles una placa como la de los automóviles para reconocerlos en la calle y ponerles multas, no cárcel.

La idea está cruda. No se si la matrícula debería otorgarla el Ministerio de Educación o el de Salud, porque uno puede ser estúpido por ignorancia o congénitamente. O tal vez se haga un examen después del bachillerato, como el examen para la licencia de conducción, para identificar a los idiotas. Pero la idea es darles una placa con un número único de registro de estupidez, o NURE, que en el caso de Valerie sería 8084, y en el caso de recibir subsidios para el desarrollo de la  agricultura a causa de firmar un papel sin leer, que se le haga un hueco en una tarjeta tipo promoción. Que pague una multa, y a los tres strikes que vaya a la cárcel. Es una propuesta humanitaria, para desocupar las cárceles, para aliviar la congestión en la rama judicial, y para ser más tolerantes. Espero que algún candidato acoja esta idea, que podría ser revolucionaria y podría ponernos en el mapa como un país judicialmente vanguardista. Porque si seguimos así mañana diremos “si, yo firmé eso, pero es que el celular me dañó el cerebro”.

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