‘Punkiando’ de Univalle al Cauca

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‘Punkiando’ de Univalle al Cauca

16 de mayo del 2017

En 1996 se respiraba en el mundo un renacer de ese general irreverente, caótico, anárquico y juvenil que había iniciado en los setenta con grupos como lo ramones y lo Sex Pistols. Grupos como Green Day, The Offspring publicaban sendos álbumes que llevarían el punk a los oídos de millones de personas que tal vez lo único que conocían de punk era las crestas que utilizaban personajes vandálicos en las películas de ese Hollywood apocalíptico de los ochenta.

Sobre los álbumes de Green Day y The Offspring podemos quedarnos hablando horas entre las discusiones puristas y las comerciales. Sin embargo, en Colombia y concretamente en Cali los que tuvimos acceso a esas joyas descubríamos un nuevo mundo más allá de Nirvana.

A Cali como a la mayoría del país estos álbumes llegaron un poco después de haber salido y, por lo menos para mí, fue una visión fresca de la música, menos técnica que las bandas de metal que llevaba escuchando y la oportunidad de juntarme con algunos amigos a tocar unas canciones.

Con VIH, mi primera banda de punk, tuvimos la oportunidad de conocer espacios que ahora se pueden considerar míticos y cuna de muchas bandas de metal y punk caleñas.

Recuerdo especialmente un salón de la Universidad del Valle (Univalle) que estaba ubicado en un edificio que para la época se encontraba abandonado y lo llamaban “El 382”. Ahí tocamos un miércoles (Si la memoria no me falla).

Era un salón de clases, lleno de grafitis, sin tarima y sin un gran sonido, era la guitarra, el bajo y la voz, luchando contra la batería para ser escuchado por decenas de jóvenes que se aglomeraban a escuchar las nuevas propuestas que tenía la ciudad.

Ese día en particular hubo bandas de metal y de punk, juntos en un mismo escenario a donde cualquiera podía llegar y compartir un rato con amigos y música local.

Sin embargo, VIH logró salir de Cali, no muy lejos la verdad, pero fuimos a ‘punkiar’ al norte del Cauca.

En una bella población llamada Piendamó, enclavada en las montañas del Cauca, de calles pequeñas, gente fiestera y un único bar de rock, hicimos nuestro primer “toque” fuera del terruño.

El toque fue en un galpón y compartimos tarima con bandas de Popayán y Santander de Quilichao, recuerdo especialmente a una chica que cantaba con voz dulce en un grupo que mezclaba grunge con algo de algo de punk. Una eufórica María Cecilia Sánchez se tomó la tarima de aquel galpón en donde nos acompañaban luces de miniteka (Cámara de humo incluida) para amenizar los acordes que retumbaban en aquel espacio en donde cerca de 100 personas pogueaban a la vieja usanza y bajo los efectos del alcohol.

Una vez terminado el toque, nos sentamos con María Cecilia en un anden a discutir acerca de la música que se escuchaba en esos días, ella más alternativa y yo sumido entre Rancid, los Ramones, Nofx y dos minutos.

Nuestra charla se vio interrumpida por una pelea a machete entre dos hombres, al parecer por una mujer. no sería la ultima pelea que yo presenciaría en Piendamó, Cauca.

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