Que no se acabe la lengua Barí

19 de julio del 2019

Opinión de Nohelia Durán

Que no se acabe la lengua Barí

Un llamado a la salvaguardia del lenguaje, y a promoverlo en las instituciones educativas de Norte de Santander. 

Carabazana, chimai- saigna y asacá, tres palabras que seguramente muchos de los que han empezado a ver este blog no han leido, escuchado o estudiado. Parecen un poco complejas de memorizar y hasta de pronunciar. Se trata de una lengua que es poco comercial, pero que nos pertenece a los Nortesantandereanos y gran parte del territorio Venezolano. 

Es la lengua Barí- ara, el alma y la expresión de la cosmogonía de los indios motilones; un tesoro oculto en el Catatumbo y un relato que pocas escuelas en sus materias de historia han contado. 

Conozco de su existencia por los trabajos periodísticos que grandes colegas han hecho en esta zona del país, y porque a propósito de las ferias que se celebran en mi ciudad, Cúcuta, se incentiva muy poco, o casi nada, el hábito hacía la lectura para conocer de nuestras raíces. 

Todavía no conozco a la primera persona que hable Barí-ara en la ciudad y, solo pocos, ni siquiera la cuarta parte de las 3000 personas que conforman la comunidad habla la lengua, que fue declarada patrimonio cultural de la humanidad y que en repetidas ocasiones el Ministerio de cultura se ha propuesto no dejar desaparecer. 

Las palabras mencionadas al inicio de este blog, en español traducen Comer, beber y cantar, respectivamente. Seria fascinante que al tiempo que se dicta inglés en las instituciones educativas del departamento, se enseñara la lenguna Barí, tan necesaria para no “comernos el cuento” tan fácil de que somos una región simplista y sin sentido de pertenencia. 

¡Cuanto potencial desperdiciamos al no conocer ni un poquito de la cultura de un pueblo guerrero sometido al abandono y a la guerra, y que pese a esto ha logrado sobrevivir a la vida en la selva y los atropellos de los invasores!  

Ojalá en mi época de colegio (que no fue hace mucho) hubiera tenido la opirtuidad de oír, pero sobre todo entender y aprender la lengua de resistentes que han dejado huella en el oriente de Colombia, los motión Barí. Nos merecemos, como ciudadanos, que nos cuenten bien la historia.

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