Que no se nos olvide Camila Abuabara

2 de marzo del 2015

 El caso  Camila Abuabara es un ejemplo nítido de la incapacidad, ineficacia y despreocupación que tienen las entidades de salud pública y el gobierno por nuestro principal derecho. El derecho a la vida: que por ley y voz debería ser el aspecto primordial en cualquier circunstancia de riesgo y enfermedad para todos los colombianos.  Esta […]

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 El caso  Camila Abuabara es un ejemplo nítido de la incapacidad, ineficacia y despreocupación que tienen las entidades de salud pública y el gobierno por nuestro principal derecho. El derecho a la vida: que por ley y voz debería ser el aspecto primordial en cualquier circunstancia de riesgo y enfermedad para todos los colombianos.  Esta joven estudiante de Derecho cursaba 10 semestre en la Universidad Externado de Colombia y  desde el 2010 venía luchando contra su propio cuerpo,  lamentablemente sucumbió frente a una leucemia linfoblástica aguda (cáncer de sangre) que consumió poco a poco sus fuerzas. Camila es la evidencia más triste de que en nuestro país cuando nos hacen procrastinar en temas de salud, entre otros, nos conducen sin saber al exilio hospitalario, a un carrusel y vaivén de decisiones que coartan el proceso de recuperación y marcan la diferencia concluyente entre seguir luchando o morir, como sucedió con esta joven que hizo frente a todo un sistema –incompetente- de Salud. En la noche de ayer  y tras sufrir dos paros cardiorrespiratorios, Camila murió y   perdió una guerra que libró por  más de 5 años.

Camila Abuabara había iniciado una batalla legal para que su trasplante de medula ósea se diera en Estados Unidos, era completamente consciente de la inhabilidad del servicio de Salud, y teniendo esto claro, hizo todo lo posible para que su operación y proceso de recuperación se diera por fuera de Colombia.  Además,  había realizado su tratamiento preparatorio por casi 9 meses en Estados Unidos, pero la decisión ciega de un juez y la poca habilidad para resolver situaciones como esta de parte de nuestras Entidades  de salud, agudizaron el problema y marcaron línea para que se diera  este lamentable desenlace.

En su cuenta de Twitter Camila había manifestado en múltiples ocasiones su insatisfacción por la atención y la velocidad con que procedieron en su enfermedad. ¿Hasta qué punto la indiferencia acobijará nuestro querido país? No en solo temas de salud. Sufrimos esto en varios aspectos. La educación, la seguridad, y el servicio médico, entre otros. El caso de Camila debería marcar otro destino y hacer reflexión  por el talante y carácter con que esta mujer hizo frente a todos los inconvenientes que llegaron a ella. Y no hablo sólo de su salud, por desgracia en nuestro país, enfermarse significa dos problemas. El primero, esperar poder sobreponernos a la enfermedad, y segundo, aguardar la atención que merecemos, esa que en muy pocos casos se nos es dada.  Porque como colombiano me cuesta mucho aceptar que nuestros seres queridos, amigos, e incluso nosotros mismos, mañana seamos víctimas de la indolencia de esta gente -nuestro pueblo- y que nuestros nombren pasen al olvido en este País inhumano, donde enfermarse y necesitar una debida atención hospitalaria puede ser la “crónica de una muerte anunciada”

 Pavel Stev Salazar

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