¿Quién manda en el Cauca?

12 de julio del 2012

Después del Consejo de Ministros del Presidente Santos en  Toribío, sigo preguntándome: ¿Quién verdaderamente manda en el Cauca y demás zonas del sur del país? Hoy todo sigue igual. Obtuvieron del jefe del estado como respuesta a su crítica situación “mantendremos la presencia militar” de  la cual hasta las “sopas” saben a plomo. Al igual que  Toribío, demás municipios […]

Después del Consejo de Ministros del Presidente Santos en  Toribío, sigo preguntándome: ¿Quién verdaderamente manda en el Cauca y demás zonas del sur del país?

Hoy todo sigue igual. Obtuvieron del jefe del estado como respuesta a su crítica situación “mantendremos la presencia militar” de  la cual hasta las “sopas” saben a plomo.

Al igual que  Toribío, demás municipios del Cauca, Nariño, Putumayo y otras zonas del sur del país son las que más sufren. Sin dejar duda alguna, el ataque en Caquetá del fin de semana donde perdieron la vida más de quince soldados a manos de las Farc, y siete viviendas quedaron destruidas, urgen a grito herido acciones que lleven “la prosperidad democrática” y contrarresten las desigualdades entre la Colombia bogotana y la que hay fuera de la capital; que a plena segunda década del siglo XXI, no paran.

La afirmación: “Bogotá está lejos de Colombia” del líder conservador Antioqueño J. Emilio Valderrama (q.e.p.d), queda clara, cuando en el centro del país la atención de los padres de la patria se las lleva: el festival vallenato y si habrá o no reelección; mientras  en el Cauca, en sus selvas, comparten espacio los secuestrados y los muertos en combates; que en 2012 no ha pasado mes sin ataque de barbarie.

Por años, los mismos grupos armados y con las mismas tácticas despiadadas se sienten “héroes” cuando destruyen los cortos caseríos, donde ya es costumbre la sentencia a reconstruirse con la misma incertidumbre: ¿cuándo volverán a atacarlos?

Mientras esto ocurre, pasan generaciones en medio de este fuego cruzado. Los últimos hechos atroces de violencia muestran la disparidad de las “Colombias”, donde las obligaciones del Estado se ausentan en los campos por parejo, a enfermos, aliviados… El rico es el tendero y el patrón es quien posee un arma. Pero por más urgencia médica, la única opción es trasladarse a Cali. ¿Y qué decir de la alimentación, la calidad del agua y, aun más, la educación, en la cual el más aventajado solo termina la primaria?

Reflexión a la cual invito a los jeques de los partidos, a sus presidentes, a los honorables congresistas, que con frecuencia visitan la cabina de Hora 20, y a los grandes medios: a volcarnos a la Colombia rural, a las realidades del Cauca, amazonas, Putumayo, etc,  no para ver el mico Tití, ni el sapo Rinrín o el agua de tres colores –eso dejémoselo a la revista Viajar–; vamos a indagar a los gobernantes de estas regiones, que al parecer su paso “calentó puesto” y el Cauca o Nariño siguieron igual. ¿O dónde están y qué han hecho sus líderes Luis Fernando Velasco, Navarro Wolf, Parmenio Cuellar y los demás, que se hacen condecorar en nombre de estas regiones en Bogotá?

No pasa nada. Y cientos de inconformes alimentan la supervivencia de los grupos armados o, en su defecto, se desplazan a las ciudades a aumentar el cinturón de pobreza, a vivir en medio de la ausencia de oportunidades, la hostilidad de costumbres y las rutinas distintas. Si queremos avanzar, es imperativo un cambio drástico en la forma como se miran esos territorios ajenos a los grandes edificios, donde el Estado es un lejano reflejo de lo que debe ser. De no ser así, más allá de perder una estación de Policía y encontrar escombros por todos lados, Colombia pierde al Cauca, Nariño, Putumayo y demás, es una cruel realidad: son otros diferentes al estado, quienes se adueñaron del campo colombiano y de sus campesinos, mientras los de corbata de honorables traseros, preparan con total dedicación otro “mico” a otra “reforma”.

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