¡Me robaron un millón de pesos!

¡Me robaron un millón de pesos!

7 de febrero del 2018

En 50 billones de pesos calcula la Contraloría lo que se robaron por la corrupción en Colombia cada año. Billones con “B” de bandidos. Esto es más de tres veces el déficit de las universidades públicas, cuatro veces el de los hospitales públicos, todo un año de servicio de deuda, o casi la cuarta parte del presupuesto nacional de un año.

Reficar, la conocida Ley Urrutia-Zidres, Isagén, Saludcoop, Odebrecht en la Ruta del Sol II, entre otros, son los más reconocidos casos donde un grupo de vivos se apropian de recursos de todos los colombianos, bajo instrumentos legales o ilegales.

También podrían considerarse en la bolsa todos los recursos que por evasión de impuestos no se quedan en Colombia ni contribuyen al desarrollo. Por cada peso perdido en ese agujero negro, que es la corrupción pública y privada, un peso deja de aportar al desarrollo nacional.

Cohecho, tráfico de influencias, clientelismo y “mermelada” para ganar elecciones y perpetuarse en el poder. Sin ir tan lejos, la complacencia con que obran los poderosos del sector público frente a los poderosos del sector privado, una vez más baraja la pregunta sobre quién trabaja para quién.

En su columna, el abogado Héctor Riveros reveló, que el presidente Santos frenó el cierre de la vía Bogotá-Villavicencio, ordenado por su Ministro de Transporte, tras el desplome del puente de Chirajara. La razón: Coviandes, el contratista incumplido, es propiedad de Luis Carlos Sarmiento Angulo, el hombre más rico de Colombia, cabeza del grupo financiero que posee el 27% de los activos financieros del país.

Complacencia es que mediante la Ley 1882 de 2018, se permita pagar con dineros públicos a quienes financien proyectos de infraestructura, aun cuando sus estructuradores resulten corruptos, como señaló el economista José Roberto Acosta.

También que la Ley 80, que no permite adiciones que superen el 50% del valor del contrato, se haya violado en el caso de la vía al Llano, ya que se autorizó superar ese límite. El puente se cayó y el presidente Santos dice que “es normal que pasen estas cosas”. La trampa en la Ley.

Esto soportan los casi 50 millones de colombianos, que en su inmensa mayoría son gente trabajadora, que no se roba un peso, que no se pierde en barullos clientelistas ni politiqueros, y que lo único que quiere asegurarse con esfuerzo es dignidad y seguridad.

Que la frecuencia con que se conocen toda clase de actos corruptos no oculte la gravedad del problema. Cualquier día el lector podrá despertarse en la mañana y decir, sin temor a equivocarse: “¡Me robaron un millón de pesos!”. La corrupción la pagamos todos hasta que hagamos algo al respecto.

Amaury Núñez González | @AmauryNG

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.