La saliva divina

23 de junio del 2013

El Jóse supo desde el primer momento que ese hecho nefasto iba a ser una catástrofe para su oficio.

¡Hey! Viejo Jóse, ¿cuándo me vas a pagar lo que me debes? – Ehhh uy viejo Rober, me extraña, ¿cuándo le he quedado mal yo con un pago? Deme un par de días que usted sabe que la pesca ha estado pesada estos últimos días. Yo le respondo, todo bien, no se preocupe.

Que escándalo el de ese man, ¿no Jóse? Acaso, ¿cuánto le debes? – No Mañe, el man no es acosador, pero es que ya van pa’ 30 días de estarle fiando en la tienda y yo nada de nada que me reporto ni con mil pesos. Ya me da es pena mandar los chinos por algo al negocio. Ahí los voy turnando a cada uno para que sólo les toque ir una vez a la semana y no les dé vergüenza cuando tienen que ir a mendigar algo fiao – Bueno, menos mal que son siete, y sumándole a la Tere y usted, la vergüenza se demora un par de días en sonrojarle la cara – ¿La Tere? Esa nunca va por allá. Dice que eso es deber del macho conseguir el sustento. Pero en este caso como al macho no le llega nada y le da vergüenza llevar fiao, pa’ eso son los hijos, pa’ ayudar a los padres ¿o no Mañe? – Si tú lo dices.

Serían las 6 de la tarde pasadas cuando el viejo Jóse y el Mañe pasaron por la tienda del Rober en busca del sustento diario. Iban desenredando la red con resignación, pues desde hacía más de un mes que los peces no llegaban a la zona donde por más de 20 años estos dos viejos curtidos del sol costeño le robaban vida al océano atlántico. El Jóse con 61 años era el jefe de tripulación y el Mañe con 60 recién cumplidos era el encargado de las provisiones nocturnas para salir a trabajar.

Un paquete de Premier rojo, 4 botellas de agua, pues desde hace mucho tiempo no alcanzaba pa’ mamar ron, la nevera de icopor para echar la pesca y el repertorio de temas a discutir durante la noche eterna bajo la luna, eran obligación imperiosa y sin discusión del viejo Mañe.

La embarcación era una vieja canoa heredada por Jóse de su papá y que según él le había traído suerte hasta hace un mes, cuando por puro descuido, ya que era su tarea evitar esto, su mujer se montó a su embarcación para ir donde su hermana a recoger leña. La promesa hecha a su viejo y que a su vez éste había cumplido a cabalidad desde el momento en que había comprado su canoa, era que ninguna mujer podría subirse a ella, pues desde ese mismo momento se “empavaría” y ya nunca más sería el instrumento eficaz para pescar que siempre había sido.

El Jóse supo desde el primer momento que ese hecho nefasto iba a ser una catástrofe para su oficio, pero prefirió no contarle nada a Mañe y atribuirle la mala racha de pesca a la naturaleza, que según afirmaba el Jóse, amparado quizás por el meteorólogo de la tele, se debía a las corrientes calientes que se desplazan por esta zona en el fondo del mar y que han obligado a los peces a buscar aguas más frescas mar adentro, a lugares donde es imposible llegar en la “relámpago”, nombre con el que habían bautizado a partir de un botellazo de Old Parr esta canoa que ya rondaba por los 50 años.

Ajá, y ¿de qué vamos a hablar hoy Mañe? – Pues hay dos clases de temas para escoger, unos buenos y unos malos. Usted me dirá – Pues de los buenos obviamente, para qué hablar de los malos, ¿más malos que esta sequía de peces? – Pues es que esos eran los temas malos Jóse. Yo ya no sé qué hacer compadre. Estoy cansa’o de mamar aguamiel con arroz que es lo único que la Mencha se puede traer de la casa de los ricos donde trabaja sin que se den cuenta del golpe. Los chinos hace rato no van a la escuela porque yo no he podido mandar la cuota del almuerzo semanal y a mí este cuentico de que esperemos que ya vendrán los buenos tiempos me está hartando – Ummmm Mañe pero que hombre de poca fe que eres, paciencia que Dios nos sabrá recompensar este ayuno – Cuál Dios ni qué carajos, esto es por las ondas marinas esas de las que tanto hablas, esos peces por acá ya no van a volver porque se mueren de calor y nosotros con “relámpago” no podemos meternos mar adentro pues por allá nos quedamos – Mire Mañe, deme esta semana, si no nos sale nada, nos vamos pa’ la ciudad a buscar algo en la construcción, que mi primo Caliche me dijo que de pronto nos ubicaba en algo que él esté haciendo por allá. ¿Usted cree que a mí el reclamo de las últimas 3 noches delante de todos los del puerto por parte del Rober me está gustando? Hermano yo soy el más interesado aquí de que esta joda cambie, yo tengo 7 bocas en chinos y 9 si nos sumamos Tere y yo. Ustedes por lo menos son 5 no más – Quién te manda a ser tan culión – A mí no me digas así Mañe porque me envenenas la mente y me puedo tornar agresivo sin importarme nada. Aquí los ánimos están caldeados y es mejor que nos calmemos – Está bien pues, entonces te propongo los temas buenos. ¿Qué te pareció la empelotá de la Yidis Medina? Yo no la he visto aún, pero según llegó contando el Ñeme la otra noche, la vieja además de sapa como que aguanta sus tres juetazos – ¡Hombre! cómo vas a decir esa joda si esa vieja es muy fea – Pues podrá ser muy fea y todo, pero aquí en Colombia hay muchos que desearían que sólo se hubiera abierto de piernas y no abierto la jeta – En eso sí tienes razón, pero a decir verdad, habrá que verla para salir de dudas – Pues salvo que salga por la tele, porque plata para la revista, ¡no hay!

RIo Magdalena

Los dos viejos se hallaban degustando tan profundo tema al calor de un cigarro, cuando de pronto el viejo Jóse, que sin ningún interés acababa de lanzar la red convencido de que no traería nada de vuelta, casi es arrancado de un tirón por tal cantidad de peces que había agarrado, que apenas atinó a decir “puta Mañe, ¡ayúdame!”.

Efectivamente, era tal la cantidad de peces que había en la red que temían se rompiera y perdieran lo que calculaban iba a ser la mejor pesca del año. Los dos viejos empezaron a tirar y a tirar de la red mientras sus pensamientos maquinaban la cifra que pudiera estar envuelta en ese pedazo de malla que estaban a punto de archivar de por vida a cambio de un par de pesos pegando ladrillos.

Cuando por fin las pocas fuerzas que les quedaban les permitieron sacar la red y empezar a echar los peces por cualquier lado de la canoa, uno de los dos soltó la lengua que hasta ese momento había sido tragada sin proferir sonido alguno, pues temían que al hablar, la fuerza que esto implica cuando se hace con hambre, impidiera recoger los peces con prontitud. Además, porque esperaban volverla a echar, así la canoa se fuera llena de peces y ellos nadando. Al fin y al cabo, estaban a kilómetro y medio de la costa.

Jóse, compadre, mi hermano, yo le dije que mi Dios nos iba a socorrer – Si hablas mierda Mañe, si hasta hace 10 minutos lo estabas putiando – Pues sí, pero Él sabe que eso es mamando gallo, que yo lo amo mucho y que nunca desconfié de que nos iba a ayudar – Pues sea lo que sea compa, hasta hoy llegó la deuda con el Rober, mañana a primera hora le estoy pagando todo. Y de paso lo invito a una botellita de lo que quiera, que con esto hay para mucho rato. ¿Cómo cuántos van? ¿Si ha ido contando? – Así a vuelo de pájaro deben ir unos 400 y pucho… – No joda, y los que nos faltan por sacar….

Lanzaron la red dos veces más y el resultado fue el mismo, peces por doquier. A estas alturas ya no hablaban de mamar ron, sino de arreglar la casa, de comprar esto y aquello, de ropa para los chinos, de ropa para las mujeres, de cambiar la cama, de comprar bicicletas y hasta, aunque no creo que el Jóse lo reconociera nunca, de cambiar a “relámpago”, pues ya estaba salada.

En éstas andaban, cuando de un momento a otro el cielo, haciendo honor a la vieja canoa, iluminó el horizonte infinito de aquel mar recalentado en su interior con un relámpago de tal magnitud, que los dos viejos se contemplaron el uno al otro, desde los pies a la cabeza y con tal claridad, que hasta se alcanzaron a ver sus pensamientos más internos. Mañe sólo pudo exclamar “apúrese Jóse que va a llov…” cuando, como si se tratase de un escupitajo divino, un rayo venido desde lo más profundo del cielo los partió en dos, a ellos, a los pescados y a su vieja canoa.

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