¿Santos se le va a medir a la reelección? Creo que no

13 de septiembre del 2013

Debido a los paros agrarios que dice no ver (será en Anapoima que no hay), los problemas del mar, el concepto dividido ante las negociaciones con las FARC

La reelección ha sido una figura no muy bien aceptada por los colombianos, que hasta hace poco éramos de los pocos pueblos latinoamericanos que no podían reelegir a quien estuviera presidiendo el país. Una de la razones es que en nuestro país se cambió la Constitución Política para darle vía a dicha figura, no porque fuera algo útil, necesaria y verdaderamente manifestara la petición de un pueblo de darle continuidad a lo que consideraban estaba andando por buen camino. No. La reelección en Colombia se hizo con nombre y apellido: Álvaro Uribe Velez.

En aquel momento, la popularidad del ex presidente era tal, basada en logros militares, una aparente inversión extranjera y una actitud trihuevitaria, que sus deseos eran órdenes, y se hizo todo el lobby oscuro necesario, con el fin de lograr la modificación de la Carta Magna, aunque esto involucrara también la redefinición de delitos como el cohecho.

Hubo gente que aplaudió la decisión de la Corte de permitir semejante cambio, durante semejante gobierno. Muy posiblemente los que, luego de un intento fallido por modificar las reglas otra vez, ven como el mesiánico Uribe le entregaba el timonel a uno de sus más fieles colaboradores, Juan Manuel Santos, votaron por el ungido para que lidiara con las riendas de este país. Hoy muchos de esos votantes son los primeros en declarar su animadversión contra sus designios. Traidor es el menor de los epítetos contra el presidente.

La figura de la reelección tiene varios matices. Para los que están montados en el poder, se convierte en la posibilidad de hacer una campaña disfrazada a partir del tercer año del periodo presidencial, lo que implica que no se dedican a ejecutar como deben sino como les conviene para quedar bien y así irse metiendo la gente al bolsillo. Esto, hace que estén en una posición privilegiada donde cuentan con un presupuesto y unas ventajas en el tiempo incomparables con sus futuros contendores de campaña; o ¿por qué creen que Santos quiere vender Isagen? Presupuesto publicitario y administrativo, y un susurro para que a todos les quede claro que desde ese puesto se hace lo que le dé la gana. Para la oposición, la reelección es la prueba fehaciente de ver cuánta fuerza y cuántos remos tienen para navegar contra la corriente.

Lo interesante del caso presente es que, a pesar de no contar con el beneplácito del pueblo, 72% de imagen desfavorable (solo superado por Pastrana, ah bueeno!) el presidente tiene cierta opción de tener resultados favorables en caso de ir por un segundo periodo. La razón es simple. No tiene un rival fuerte, no solo que se vea en la crema de la política sino que no está claro para el elector. En el país del Sagrado Corazón de Jesús, el rival más fuerte y al que la gente le cree un poco es uno del mismo equipo del presidente y quien ha jurado serle fiel; el man es Germán, Vargas Lleras. Pachito Santos dijo que él veía a Vargas Lleras compitiendo contra su primo, por encima de pactos de lealtad, de esos que el presidente sabe tanto. Solo esperemos que no le paguen igual.

Debido a los paros agrarios que dice no ver (será en Anapoima que no hay), los problemas del mar, el concepto dividido ante las negociaciones con las FARC, las salidas en falso y una ineptitud de varios de sus ministros, Juan Manuel Santos no cuenta con el apoyo necesario para una reelección. Santos no será elegido, pero no porque pierda pues, como ya lo dije, no hay rival. Lo que pasa es que no se presentará, porque él no quiere quedar como el Sarkozy colombiano, buscando otro periodo y quemándose en el intento. Y aparte con la suerte de que la esposa de cada uno de ellos salió en Vogue.

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