Sarah Connor: El tropo de la mujer fuerte repasado

16 de octubre del 2019

Por: Carlos Yaya.

Sarah Connor: El tropo de la mujer fuerte repasado

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Nena de cabello oscuro, traje de cuero, diestra en actividades de muchachos, sarcástica: ésta es la ideal “mujer fuerte” del cine de acción, alguien que contradice el estereotipo de la damisela en apuros. De todas formas, a pesar de una “caracterización diferente”, la mujer termina siendo una chica “excepcional” que no contribuye a la trama o la feminidad que expresa en la historia.

Desde el feminismo se ha comentado críticamente la concepción de una “mujer fuerte” pues parece que, en las películas, sólo pueden ser notables si son frías, precisas y masculinas, o carentes de todo rastro de miedo, ansiedad, neuroticismo, o cualquier particularidad de carácter que consideramos en cualquier humano imperfecto y propenso a fallar.

Sarah Connor, de “Terminator”, es un personaje que se ha mantenido en el centro de esta discusión. Su arco narrativo en las primeras cintas bastó para que la tildaran de “revolucionaria”. A grandes rasgos, Sarah inicia su historia como la chica en peligro que se convierte en musculosa, diestra en armas y toda una “badass”. No olvidemos que describir su camino así simplifica la compleja tarea de realizar a una mujer tridimensional y configurar una historia alrededor de ella.

Al conocer a Sarah Connor en la primera “Terminator” encontramos un sujeto al que se dirige tanto violencia como protección. Desde el futuro, un cyborg ha sido enviado para asesinarla porque está destinada a procrear al líder de la resistencia humana durante la Rebelión de las Máquinas. Al mismo tiempo, el bando humano también envía un protector para defender a Sarah de la increíble brutalidad del Exterminador T-8000.

Aparentemente, Sarah parece un personaje que sirve a la trama solo por tener un útero fértil del que depende la supervivencia de la humanidad y ser un personaje que depende de un hombre para ser protegida.

Cuando la vemos al principio de la película es presentada como una chica inocente y despreocupada que jamás imaginaría involucrarse en cualquier conflicto. Entonces varias personas son asesinadas, incluyendo mujeres que comparten su nombre, y Sarah se ve en la necesidad de confiar su vida a un protector que no conoce. Este hombre, Kyle Reese, le cuenta sobre las hazañas de su hijo no nacido y el papel tan importante que ella jugaría en su crianza. Estas fábulas no tienen efecto en Sarah ya que rechaza su destino preestablecido porque se considera una mujer tan incapaz de cuidarse a sí misma, como de salvaguardar la esperanza de la humanidad.

Aunque “Terminator” parece una historia sobre la inevitabilidad del destino que se refleja en el definitivo lugar de Sarah Connor como la madre de un revolucionario, esta obra de James Cameron nos demuestra lo contrario.

“No existe el destino, más allá del que construimos para nosotros” dice Reese a su protegida. Diciendo esto, Sarah reconoce que puede decidir sobrevivir a la amenaza del T-8000, si así lo quiere, y ser madre sí así lo desea. Sarah abraza su estatus como superviviente, convirtiéndose en alguien que entiende la carga que implica conocer el futuro y que tiene capacidad para decidir cómo va a desenvolverse su destino. Con un bebé en su vientre, Sarah empieza una intensa preparación ante las difíciles circunstancias que tiene por delante, sabiendo que enfrentará la incredulidad de una humanidad que no alcanza a divisar las consecuencias de sus avances tecnológicos.

Para “Terminator 2: El Día del Juicio”, la legendaria actriz que interpretó a Sarah en la primera entrega, Linda Hamilton, accedió a involucrarse en la secuela si el personaje continuaba su historia como una loca. Musculosa y paranoica, la madre de John Connor pinta una imagen distinta en la segunda entrega. Sarah, más que una mujer preparada, se convierte en una persona desconfiada y ansiosa. Después de años de autoaprendizaje en maniobras militares, ella ve a su hijo como un sujeto que debe enfrentarse a ambientes hostiles para aprender a ser el líder que necesitará la humanidad en el futuro. Debido a esta actitud, su relación de apego con John es precaria. Mientras Sarah está obsesionada con asesinar al hombre que sería responsable de la Rebelión Tecnológica destinada a acabar con el mundo, su hijo recibe afecto de la criatura más imposible: un T-8000 programado para protegerlo.

Aquí los roles se invierten: una figura temible termina consolando a un niño, mientras la madre es una figura fría y violenta. Con todo esto, Sarah no es representada como una mala madre. Su rol como cuidadora pasa a otra escala: ella quiere prevenir el apocalipsis para darle un futuro a su hijo y los inocentes, incluso si arruina la relación que tiene con John. Sarah, después de todo, ve más allá y, luego de años de obsesión finalmente entiende que dentro de ella pueden convivir tanto el rol el protector, como la posibilidad de apoyar a su hijo con empatía. Si el segundo T-8000 que conoció, sin ser un ser humano, pudo amar a un niño que inicialmente debía proteger, ella puede ser esa figura que aprende a amar a su hijo no como se lo indican, sino desde lo que el niño necesita.

Aunque Sarah Connor expresa atributos que todavía requieren una discusión a fondo, su legado no reside en las características de damisela en peligro y de heroína de acción que demostró en las películas de “Terminator”. El personaje es ejemplar porque, a pesar de las circunstancias, siempre está luchando con sus dudas y con el futuro. Su conflicto interno y caracterización diferente no la hacen necesariamente una “mujer fuerte”, sino uno de esos seres humanos con los que, de verdad, nos podemos identificar como audiencia.

Carlos J. Yaya
Twitter: @CJ_Yaya
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