¿Se justifica el comunismo hoy en día?

¿Se justifica el comunismo hoy en día?

19 de mayo del 2017

Muchos dirán que nunca ha existido el comunismo, y mucho menos el marxismo, durante la vigencia de aquellas ideas políticas. Que quizá lo mas cercano a dichos modelos, han sido las comunidades indígenas o antiguas, que precedieron al surgimiento del mercantilismo o capitalismo. Como sea, varios países han experimentado algún tipo de “comunismo”, digamos, algún tipo de “comunismo real”, y no han salido bien librados.

Cuando les pregunto a algunos conocidos que profesan ideas de izquierda por un modelo de socialismo ejemplar, suelen mencionar a los países escandinavos, perdiendo de vista, en todo caso, que aquellos son modelos capitalistas conducidos con responsabilidad social.

El asunto de fondo ya no es si se deben profesar ideas o dogmas de izquierda o de derecha, ciegamente. El punto es, cuál es el modelo que más eficientemente puede atender la realización espiritual y material del ser humano, verdadero centro de gravedad de toda ideología que se promueva.

Por supuesto, sabemos que cuando se privilegia la sociedad, estamos en presencia de sistemas socialistas; que cuando se privilegia al individuo, en presencia de sistemas liberales y cuando se privilegia al Estado, en presencia de sistemas totalitarios.

Y el lugar común de ambos extremos, (de izquierda y de derecha) ha sido privilegiar al Estado, es desmedro del individuo y la sociedad, y en función de estados totalitarios, donde los controles se diluyen, y los atropellos se exacerban. Estructuras abusivas, donde la dignidad humana no cuenta. Verdaderos monstruos que desarrollan una maquinaria para imponer dogmas y formas de pensamiento, incluso con el ejercicio de la fuerza. En últimas, un sistema para sofocar al individuo y ponerlo al servicio de nebulosas ideas y propósitos inconfesados.

Lo cierto es que cualquier sistema o modelo económico debe asentarse sobre la dignidad del ser humano – de la cual se deriva el respeto a los derechos humanos – la libertad, la igualdad y la solidaridad. Estos últimos valores, no son ni pueden ser las banderas exclusivas de ningún partido. No son patrimonio de la izquierda ni de la derecha. Aunque sean el resultado de las gestas y luchas de personas o individuos que se rebelaron contra sistemas opresores, constituyen en sí mismos los planteamientos de una profunda reflexión humanista de lo que debemos ser como sociedad. De nuestro deber ser. Son nuestra carta de navegación y una propuesta ética del puerto al cual debemos arribar. Son los principios o fundamentos de toda política pública, y de todo esfuerzo legislativo.

Solo una persona mental y espiritualmente enferma o desequilibrada, podría desear para sus congéneres, la miseria, la violencia, la desigualdad, el abuso y la explotación. Solo un transtornado podría querer lo peor para sus semejantes. Pero la Constitución de cualquier pueblo debe estar por encima de ese tipo de miserias humanas y de caudillajes solapados y populistas, que pretextando querer el bien para muchos, termina ofreciendo el mal para todos, con fórmulas que nunca funcionarán, no por utópicas, sino por distópicas.

@amvela
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