Se venden tristezas

25 de julio del 2012

Solo así pude seguir con mi hastío sin origen, ella con su depresión por la mudanza y los dos con nuestras vidas de mierda.

¿Amaneció aburrido, con ganas de llorar, no se halla, quiere quedarse en la cama sin que nadie le hable; si le toca ir a la oficina no soporta que mencionen su nombre; apaga el celular para que no lo molesten y publica un tuit manifestando su desazón que, sin embargo, no sabe de dónde le nace?

Si esta es su situación, no se preocupe. Cuando sienta que su vida no vale la pena ser vivida, pero no encuentra las razones para estar así, escríbame, yo le vendo la tristeza que necesita.
Si es una tristeza amorosa se la puedo enviar con banda sonora incluida.

También tengo tristezas económicas, laborales, familiares, espirituales, profundas y triviales.
Me cansé de amanecer así, deprimido, triste, aburrido, con una desazón sin sentido, con un tedio insoportable, odiando a todo el mundo, odiándome.
Me cansé de no querer hablarle a la gente porque no encuentro qué decirles. Me cansé de sonreír falsamente, fingiendo estar bien mientras algo que no logro describir me carcome por dentro. Me cansé de tener que hacer las cosas bien cuando ni siquiera tengo fuerzas para respirar. Me cansé de querer cuando no tengo siquiera un poco de amor para mi mamá, que es la que tiene que soportarme todos los días. Me cansé de buscar algo, lo que sea, cuando no tengo nada claro. Me cansé de todo, de ustedes, de mí.

Pero no sé por qué, me cansé porque sí. Por más que discierno, no encuentro nada. Es un sentimiento que me invadió por completo pero del que no logro encontrar su origen. Por esta razón, cuando este sentimiento se hace más insoportable, me invento una tristeza concreta, la escribo, la estudio y la ejecuto.

La última tristeza que me inventé, luego de que me poseyeran unas ganas insoportables de no querer pararme de la cama para venir a trabajar, tiene que ver con la reciente noticia de que debo mudarme porque el propietario del apartamento se va a vivir en él.

Mi mamá, la que tiene que verme así todos los días y aún así me sonríe porque le nace hacerlo, entró en depresión por la mudanza. A su sinsabor tengo que agregarle sus enfermedades, su malgenio de mujer nortesantandereana y su impaciencia porque no logro solucionarle cosas tan elementales como una cita que no le quieren dar en la Eps.

Presionado por todas estas circunstancias, le dije a mi mamá que la cuestión era de plata. La tristeza económica que me inventé consistió en sacarle las cuentas mensuales de la casa (solo yo aporto porque ella se dedicó a ser mi mamá y mi papá no dejó pensión); los gastos de las tarjetas de crédito, lo poco que queda para la diversión y uno que otro gasto que no le pude confesar. Finalmente me dio la razón con un escueto “haga lo que pueda mijo”.

Solo así pude seguir con mi hastío sin origen, ella con su depresión por la mudanza y los dos con nuestras vidas de mierda.

@jhonjacome

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