¿Secuestro y narcotráfico, delitos políticos?

20 de agosto del 2018

La Conexidad es una figura jurídica penal, que permite subsumir o acumular diferentes tipos penales a uno protagónico, determinador del actuar criminis, para que al dosificar la pena, esta sea más benigna y menos gravosa; pero es menester que el accionar de estas conductas se relacionen directamente con el objeto principal y su finalidad. Sin […]

¿Secuestro y narcotráfico, delitos políticos?

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La Conexidad es una figura jurídica penal, que permite subsumir o acumular diferentes tipos penales a uno protagónico, determinador del actuar criminis, para que al dosificar la pena, esta sea más benigna y menos gravosa; pero es menester que el accionar de estas conductas se relacionen directamente con el objeto principal y su finalidad. Sin escrúpulos, de manera frívola e insensible, se permitió que las conductas más lesivas y deleznables contra la población y dignidad humana, como los delitos de secuestro y narcotráfico con todas sus demoníacas variables, entraran como conexos o afines, al delito político, por el indulgente e inescrupuloso Juan Manuel y las hábiles guerrillas Farianas, quienes hicieron un negocio redondo; lo que abrió un boquete para la amnistía y el indulto.

En una corrida de toros, bufa y cómica, donde la plaza, fue acondicionada con cómodos, y espaciosos burladeros, para que la maliciosa cuadrilla “Fariana”, pudiera evadir al cornúpeto Estado Colombiano, se libró el espectáculo con pases, chicuelinas y verónicas jurídicas de total impunidad, donde la autoridad, el imperio de la ley y el Estado de derecho se descabelló, se sacrificó, en aras de una hipócrita y mentirosa paz, que consistió en el traslado silente del aparato ideológico militar a la ciudad de las FARC, conservando brazos armados camuflados de disidencias y la creación de un partido legítimo. La actitud silente, el bajo perfil de los Farianos, ahora vistiendo hábitos de monjes Cartujos, arrojará resultados a mediano y largo plazo, echando raíces en todos los estamentos de la sociedad, para la toma del poder, ahora con el formidable ariete Petrista.

Con el proyecto, donde el gobierno pretende excluir y prohibir, por normatividad Constitucional y/o penal, que ciertos delitos, como el narcotráfico y el secuestro, sean considerados en algún momento, como conexos al político, se buscan varios fines: La protección y el bienestar común de los habitantes de la Nación de estos abominables crímenes; dos formas de esclavitud e indignidad; en el secuestro, la pérdida de la libertad física y en el narcotráfico, la esclavitud espiritual y disolución moral de la juventud y todo individuo,además de todas las formas de violencia y corrupción, flagelo y desgracia de la Patria; buscando además coherencia y racionalidad, acorde a un tipo idílico y romántico de lucha y delito (político) que supuestamente busca la justicia o igualdad social; objetivo perdido por las fuerzas guerrilleras Colombianas, convertidas en las mayores organizaciones criminales de narcotráfico del mundo, a la par de las BACRIM, que hipócritamente quieren conservar su camuflaje de revolucionarios y ejército del pueblo. Sin lugar a dudas, una advertencia para el Bipolar, “Ejército de Liberación Nacional” (ELN), que se levanta cuantas veces quiere, de la mesa de negociaciones, para disparar y asesinar, para luego volverse a sentar, de manera impune y cínica, sin sonrojarse siquiera, recurriendo al tráfico de drogas y el secuestro como forma de lucha.

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