Ser un “indignado” no te hace superior, te hace un snob

9 de febrero del 2015

El activismo de los millennials hoy en día es posar. Pero salir a la calle, poco. Mejor likes que marchas, eso es más cool.

Aclaro que admiro mucho a quienes hacen activismo verdadero o de manera parcial: sin ostentar, crean estilos de vida y dan ejemplo con los hechos. Aportan un poco al cambio que desean que se haga realidad, sea el que sea.

El problema es que hoy ese tipo de  activismo también es “el nuevo negro”.

Quienes adoran ostentar su indignación ignoran precisamente que todo el sistema contra el que van es precisamente su revalidación, tal y como afirmaba Victor Lenore en su libro “Hipsters y Gafapastas”. “Rebelarse” hoy por hoy, a través del consumo y las redes  es precisamente crear otro nicho, reafirmarlo. Y de paso, popularizarlo. Pasó con el hippismo, el grunge y el punk. Pasa, hoy por hoy, con las tendencias culturales, políticas y sociales que van contracorriente y que serán parte de lo efímero. Basta con que algo vaya en contra y se popularice para que se hagan hashtags, camisetas, lo usen estrellas de cine y sea un tema del momento que luego muera para quedar en el cementerio de lo viral.

Era chistoso ver a las emocionadas con la colección de Chanel y su arenga feminista (cuando Karl Lagerfeld odia a las mujeres gordas) y llorar al ver a Emma Watson hablando de igualdad. Es hasta tierno ver a tantas con el labial corrido o vestidas de rosado apoyando luchas contra enfermedades. ¿Y las donaciones, y las marchas por el cambio contra las políticas gubernamentales? ¿Y la reflexión, la acción? Todo muy bonito, pero cuando una feminista se atreve a hablar de algún tema espinoso incluso las mujeres les dicen “feas malcogidas”. ¿Algún cambio en el aire más allá de ser “cool”, “distinto” o “especial” por usar camisetas con lemas empoderadores, consumir ensalada de materiales orgánicos en tu lugar especial y tuitear con la causa del momento?

Porque la vida continua, las cosas pasan y siempre habrá algo nuevo para explotar a través del consumo y los sucesos a través de la promesa de valor de “eres único, consciente y especial y cambiarás al mundo desde tus compras y tu computadora”. Muchos pudieron insultar a los de H&M cuando vieron llorar a la niña noruega que fue a Camboya a ver cómo hacen la ropa y condenar a los costeños por las corralejas, pero aún así siguieron comprando en Forever 21 y no dijeron ni mú con lo de los niños de Caquetá. Muchos pudieron ponerse la ruana en el paro agrario pero quién carajos va a hacerle seguimiento a eso o comprar aunque sea algo hecho en Colombia porque todo lo chino es más barato y es más bonito posar.

Y hoy hay de todo para los que adoran posar. Incluso apps. Porque desde que nuestros abuelos fueron hippies y hoy son pensionados con barriga, siempre hay mucho toque toque pero de aquello nada y mejor compremos algo que nos distinga ante el mundo como unos revolucionarios más tenaces que el Ché Guevara, preferiblemente con un morral de una marca chic.

Ojalá eso nos de muchos likes.

@LuxAndLan

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