Nunca nos dijeron como hacer las cosas, por esa razón muchas veces las hicimos mal o no las hicimos, y otras incorrectas las creímos correctas; sin embargo “Las cosas se hacen bien o no se hacen“, esta máxima la aprendí desde niño y ha sido fundamental para mucho de lo que he hecho y hago en la vida. Nadie viene con un manual de cómo hacer las cosas cuando nace. Ningún chef, medico, ingeniero, pintor, músico, profesional, o con el oficio que se imagine salió del vientre de su madre aprendido. Todo es un proceso para llegar a ser, y que llegó a ser. Igual sucede en el sexo: nadie nace con el Kamasutra en su disco duro y el ejecutable “coitoergocum.exe” listo para tener sexo. Para creer hay que tener fe y para pensar hay que aprender a dudar y es por ello que creo, casi con la fe ciega de los creyentes religiosos, que no hay cosa más empírica que el sexo; nuestros primeros acercamientos son de “yo conmigo”, una constante prueba y error de amor por uno mismo; algunas veces hasta llega a ser prueba y horror. A eso lo han llamado “masturbación” y tiene cierto sentido que la palabra suene a “más turbado”; las primeras veces no sabemos si lo estamos haciendo bien o mal, hasta que encontramos el camino correcto de la tarea y dejamos de estar más turbados para quedar masturbados, pero todo esto estaba mal, o era pecado. ¡Mentira!
No hay edad precisa para empezar a masturbarse o tener sexo, tampoco considero que el porno sea la mejor herramienta para aprender a hacerlo. Siempre he creído que junto al manual de convivencia en los colegios deberían dar un manual de información sexual teórica-practica, algo así como “Hágalo ud. mismo(a)”, eso sí sería una verdadera educación sexual y se le podría llamar con propiedad un libro de autoayuda, no como los que pululan en la red, papelerías y librerías. Este manual debería explicar de manera clara los beneficios de la masturbación; por ejemplo que la masturbación ayuda en los hombres con eyaculación precoz a mejorar su desempeño en la cama y en las mujeres a descubrir que además de su punto “G” el cuerpo tiene un abecedario completo donde encontrar placer; que cuando uno se masturba se activan centros dopaminérgicos (felicidad) y aumenten la producción de oxitocina, se liberan corticosteroides que disminuyen la inflamación, además son precursores químicos de algunas encefalinas, estas últimas encargadas de mediar el estrés, en otras palabras las sustancias de la felicidad; así mismo estos ejercicios mejoran la circulación sanguínea, previene en los hombre el cáncer de próstata, previene problemas de fertilidad por bajo recuento de carga espermática; en hombres y mujeres ayuda a eliminar sustancias citotóxicas, etc. Las personas que tienen una vida sexual activa son más creativas, el sexo quema calorías, mejora el sistema inmunológico. Sobre todo no hay mayor demostración de amor propio que masturbarse, uno nunca se dice que no, que no vaya a pensar mal de uno, que esta es la primera vez que sucede, que no sabe qué fue lo que paso y todas esas estúpidas excusas que dice la gente mojigata después o antes de tener sexo; no hay la menor probabilidad de un embarazo no deseado ni de una infección de transmisión sexual, tampoco te vas a sentir usado. ¡No tienes que decir te amo, porque sabes que te estas amando a ti mismo! Además Los mejores orgasmos mentales muchas veces vienen después de uno autocomplacerse, algunos les llamamos ideas.
Para ser consecuentes, las clases de educación sexual debería ser una socialización de las experiencias propias, así uno termina aprendiendo cosas que no sabía que existieran o se pudieran hacer, y no habría tanta niña y niño jugando al papá y la mamá con muñeco de carne y hueso a una edad donde todavía no saben cuándo hay que presentar el ICFES. Sé que es fácil decirlo pero complicado hacerlo con los hijos (as) de hablarles claramente sobre estos temas tabú. Si nadie ha tenido esta idea aun, creo que escribiré un libro de autoayuda, pero de autoayuda real y que ojalá este en los estantes junto a las cajas de los almacenes de cadena, para que los padres se ahorren el espinoso tema de explicarles a su prole sobre como masturbarse, que por cierto hay muchas formas y métodos para hacerlo (también los profesores, padres y no padres deberían comprarlo). Hay que empezar a perder el miedo a conocer nuestro cuerpo, dejar de mirarlo como territorio prohibido, así uno sabrá un poco más sobre que le satisface y que no, y de paso aprenderá que cuando pasa de la práctica individual a la colectiva el fin del sexo es compartir placer. Es molesto para cualquiera de las partes hacer la envidiosa por inexperiencia o por no saberse controlar (la envidiosa es cuando uno de los dos llega al orgasmo y olvida que lo ideal es que la contraparte también lo alcance), y si no lo logra pues la masturbación puede ser una herramienta para estos casos.
Entiendo a The Rolling Stones cuando dicen que no pueden sentir satisfacción cuando están conduciendo el auto y aparece el locutor en la radio y está dando una y otra vez información inútil. ¡No se puede ser feliz cuando le niegan la información precisa de cómo hacerse una buena paja! No hay que ser Mick Jagger o Keith Richard a sus muy bien vividos y olidos 70 años para saberlo. Si tiene hijos o ha programado tenerlos, recuerde su adolescencia, sus malos polvos, también los buenos. Piense que entre mejor preparado este un atleta más medallas puede llegar a tener, en la cama es igual y la pista de entrenamiento está en sus manos, piénselo.
Sexo Artesanal: Hagálo ud. mismo.
Lun, 25/01/2016 - 04:54
Nunca nos dijeron como hacer las cosas, por esa razón muchas veces las hicimos mal o no las hicimos, y otras incorrectas las creímos correctas; sin embargo “Las cosas se hacen bien o no se h
