Un equipo equilibrado debe tener jugadores de todas las condiciones. Unos cerebrales y rápidos encargados de construir el juego, y otros combativos y discretos, encargados de destruir el del oponente. Hay mucha diferencia entre unos y otros, quienes construyen, por lo general son los talentosos, y los otros, quienes aseguran la defensa. De los últimos se puede decir que lo habitual es que no sean populares y están al filo de ser tildados de troncos: no son muy atractivos a la vista. La idea de un equipo proporcionado en sus líneas es crear contrapesos, como en la democracia: unos elaboran juego y otros estorban para asegurar el equilibrio.
Los personajes políticos pueden ser medidos de forma similar, pues como los futbolistas, algunos pocos son efectivos sin carisma, otros inconsistentes entre la teoría y la práctica, y un gran porcentaje sólo cumplidores; por no llamarlos grises.
Y qué decir en estos términos de dos de los más polémicos políticos colombianos de los últimos tiempos, Uribe y Petro, cada uno con una masa de incondicionales que ya quisiera cualquier futbolista o cantante.
Mientras al futbolista cuando le va mal nadie lo baja del chamizo, a Uribe o a Petro lo defienden a capa y espada: pueden votar un gol bajo el arco, aun así sus adictos, podrían culpar al terreno o a las pelotas modernas ultralivianas. Por otra parte, cuando el futbolista hace un buen juego y el equipo gana sin atenuantes, es encumbrando al mismo cielo; el cielo donde están los Petrus y Uribes del mundo.
En términos generales, con los políticos pasa igual que con los futbolistas, suben y bajan como espuma. A veces tienen la popularidad por los suelos y otras resurgen de las cenizas.
¿Pero qué pasaría si Petro o Uribe, en lugar de ser los aclamados políticos ― así como odiados por sus opositores― fuesen futbolistas? ¿Cómo jugadores serían los osados, dinámicos y tercos; así como farsantes, locuaces y valerosos para enfrentar el escarnio público de costumbre?
Uribe podría ser aquel volante de marca, parado en el medio, dispuesto a hacerse desnucar por recuperar una pelota, y reprobando a medio equipo por devolverse a posiciones defensivas de manera pachorra y descreída. Aunque sus huesitos y carnitas no le ayuden mucho, pues sería proclive a ser destripado por sus oponentes, el tipo es valiente para custodiar que nada se salga de madre, que todo siga igual y se vale de varios compinches a su lado para, sin importar las formas, el equipo se mantenga en la misma línea: en la penuria o la opulencia, depende del ímpetu del juego.
A Petro se le podrían detectar ciertas dosis de talento debajo de unas cuantas capas rebosantes de carreras ineficaces y carreteos con la pelota sin despegar la mirada del piso. Sin duda sería como el viejo delantero de raya, que promete mucho porque tiene un estilo prolijo y un juego ameno, pero le falta embocarla. Nunca hace un gol y nadie puede negar que lo intenta hasta el cansancio.
Y mientras tanto sus seguidores los aclaman.
@juancuellarp
Si Petro y Uribe fueran futbolistas
Mié, 08/04/2015 - 10:29
Un equipo equilibrado debe tener jugadores de todas las condiciones. Unos cerebrales y rápidos encargados de construir el juego, y otros combativos y discretos, encargados de destruir el del oponente
