Si yo fuera el fiscal general de la nación

Si yo fuera el fiscal general de la nación

28 de noviembre del 2018

Si yo fuera el fiscal general de la nación: Néstor Humberto Martínez, mandaría a la cárcel sin fianza, a un tipo que me insultó en un semáforo por haberle dicho que su novia era un ser detestable. Me ofendió verbalmente delante de todo el mundo provocando en medio del trancón una alarma social considerable.

Y hablando de alarmas, si yo fuera fiscal general de la nación, dictaría medida de aseguramiento incondicional contra el jefe de seguridad de un establecimiento comercial que hay cerca de mi casa, cuyo sistema antirrobo se dispara por las noches alarmando el sueño de todos los vecinos.

Pero lo que más me gustaría, siempre en el caso de que yo fuera fiscal general de la nación, es ver si aún vive un profesor que tuve en la U y que me amargó la vida con sus continuas agresiones verbales y de quinta categoría. Lo buscaría, como digo, para provocarlo en medio de sus estudiantes o en la sala de profesores. Y, en cuanto me mentara a la madre, medida de aseguramiento incondicional para ese pseudo profesor. Que se pudra.

La verdad es que cuando me pongo a pensar en las cosas que podría hacer si fuera fiscal general de la nación -o mejor todavía, si fuera Néstor Humberto Martínez, primero y principal: viajaría súper relajado en primera clase por todo el mundo y bebería whisky marca Odebrecht.  

Si yo fuera el fiscal general de la nación, me vengaría de un psicópata de traje verde que ha hecho mucho daño a mi padre, de una novia que me dejó por otro más listo, de un mecánico que no me arregló bien el carro, de una empleada de cine que me colocó detrás de una pareja de gordos, de un tipo que come en el mismo restaurante que yo y que habla muy alto… Además, después de emproblemarlos a todos, me inhibiría para pasar inadvertido.

Leo las líneas anteriores y me siento un poco culpable. Quizá no estuviera bien, en el caso de que fuera fiscal general de la nación utilizar mi posición para resolver asuntos personales y enriquecerme ilícitamente. No sería justo. Por eso mismo no soy fiscal, porque conozco el costado más mezquino de mi naturaleza y no sé si podría controlarlo. Pero también, como bien decía alguien, porque nunca entraría en un sitio en el que aceptaran a tipos como yo. 

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