¿Siguen vigentes las normas de urbanidad de Carreño?

¿Siguen vigentes las normas de urbanidad de Carreño?

6 de Diciembre del 2016

“Las reglas de la urbanidad no se encuentran ni pueden encontrarse en los códigos de las naciones; y sin embargo no podría conservarse ninguna sociedad en que estas reglas fuesen absolutamente desconocidas”, nos recuerda Carreño, en su célebre manual de Urbanidad, una cartilla del buen comportamiento o de las buenas maneras. Y es que eso que llamamos urbanidad, refleja el temperamento y el carácter de la gente, su grado de educación, y contribuye a afianzar la convivencia de las personas entre sí.

Desde luego que el manual actualmente resulta anacrónico en varios sentidos; pero en muchos otros aspectos sigue conservando su vigencia. Decir que la mujer debe ser femenina; que no debe estar desaliñada ni aún para ejecutar las tareas domésticas, y que el lugar que le corresponde es el hogar, por supuesto que son afirmaciones insostenibles, incluso hoy en día; pero señalar que las personas deben respetar a sus mayores, asegurar la paz doméstica, abstenerse de prácticas indecorosas en la vía pública, respetar a los vecinos, no abusar de las personas, ser hospitalarios, evitar el uso de expresiones soeces (usadas usualmente para pretender mostrarse más francos), evitar el exceso de confianza, ser pulcros, moderados en la bebida y en la comida…parecen consejos tan razonables como necesarios.

Otros pasajes de su libro pueden parecernos divertidos: nunca debemos ceder una silla caliente, que hayamos desocupado; siempre debemos dormir con algún vestido; debemos evitar los ronquidos nocturnos (que él atribuía a la mala educación); no debemos levantarnos de malhumor; no debemos usar la ropa de los hermanos o de extraños; no esta permitido llevar las manos dentro de la ropa o en las faltriqueras; debemos andar con cierto tipo de paso, con cierta disposición de los brazos o con cierto tipo de pisada; no es lícito fijar la mirada en las personas que pasan por nuestro lado o voltear para ver a alguien que ya pasó; y no es admisible mencionar el precio de un regalo.

Otras advertencias, en cambio, van dirigidas a los políticos, para que se comporten adecuadamente en el congreso: el que insulta a un contrario, insulta a toda la corporación; la verdad de los argumentos prevalece, cuando es expuesta con calma y apelando al raciocinio; no se debe interrumpir al que habla con frases de desaprobación; y solo se puede usar la sátira fina y delicada.

Hay todo tipo de reglas sobre el comportamiento que es preciso observar en la mesa o en una conversación. En cuanto a esto último, el autor nos recuerda que debe ser culta, decente y respetuosa. Que no se pueden expresar ideas poco decorosas, ni usar sobrenombres o apodos. Tampoco ser radical en la expresión de las ideas, y procurar no hablar de sexo, política o religión. La sátira dañina está proscrita. No se pueden emplear ironías ni chismes, y hay que ser especialmente prudente con los chistes que se cuentan.

En la era de internet, con tantos foros de discusión y comentarios desatinados, he de suponer que Carreño, de estar vivo, le hubiera dedicado todo un capítulo a las conversaciones en las redes sociales, acaso el espacio donde más se transgrede su manual.

@amvela
amvela@hotmail.com

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