Sin TV y sin Novelas

28 de enero del 2019

Opinión de Hernán López

Sin TV y sin Novelas

Tv y novelas

Muy a pesar de que la información publicada fuera fuerte o liviana, creo que no existe un colombiano que no haya ojeado una revista Tv y Novelas mientras que hizo la fila para pagar el mercado; o que entró a una droguería y se encontró con un escaparate en el que se destacaban las ‘prominentes curvas’ de alguna actriz ‘chibchombiana’, acompañadas de líneas que contaban sus ‘dimes y diretes’ en el mundo de la farándula.

O ¿quién no vio una transmisión de los premios que la publicación entregaba a actores, actrices, periodistas y programas de televisión del ámbito nacional, en una pomposa gala al mejor estilo de los ‘Golden Globes’, pero con vestimentas de Lina Cantillo y Ricardo Pava? Tiempo después las ‘pintas’ fueron compuestas por piezas de Armani, Versace y Dolce & Gabbana.

Debo confesar que aprovechando que tengo papá famoso, asistí una vez a la entrega de premios de la publicación. Estaba en la etapa universitaria estudiando periodismo y quise conocer de cerca el maremágnum de logística que un evento como estos tenía. Y claro: quise ver de cerca a Paulina Rubio y Alejandra Guzmán quienes eran el evento central del certamen y que, en esos años, estaban ‘más buenas’ que levantarse tarde.

En el teatro Jorge Eliécer Gaitán, ubicado en el centro de Bogotá, se dieron cita un montonón de famosos con pintas raras y peinados raros nuevos, entre esos mi padre, quien para la jornada me prestó un saco y una corbata que me quedaron grandes y me hicieron parecer la mejor versión de Herman Monster y su frac con hombreras.

La carrera séptima fue cerrada para que los personajes llegaran en sus autos, de diversas marcas, y en las dos limosinas que existían en la época y que eran alquiladas para estos momentos. Reclamé la invitación en la taquilla del teatro; mi papá llegó al rato.

Me ubicaron en la platea, no sin antes haberme dejado envolver en un reguero de escotes y trajes vistosos, más que atractivos, encargados de marcar la tendencia en las siluetas de quienes los portaban. No faltó el que se fue en tenis Converse y corbata; ellos fueron los irreverentes de la cita.

Arrancó la entrega y con ella mis ganas de ver al par de bombones noventeros, provenientes de la tierra del Chapulín Colorado. ‘La Chica de Oro’, efectivamente, salió vestida de oro, cantó muy maluco un par de sus éxitos y le dio pasó a ´La Reina del Rock’, hija del cantante Enrique Guzmán, a quien en la serie Los Picapiedras lo llamaban ‘Piedrique’; y de la reina mexicana del cine de los años 50, Silvia Pinal.

La chaparrita y morenita, minutos antes de su presentación, se empacó como cinco whiskyes, salió a cantar, se pegó un resbalón de ‘padre y señor mío’ y, como consecuencia, un golpazo en la cabeza que disimuló con una voltereta sobre el piso de la tarima del teatro. Las risas no fueron grabadas.

Si mal no recuerdo, me pareció ver a Angie Cepeda en un vestido supremamente escotado, a Amparo Grisales sin una arruga y pues a varios de los compañeros de trabajo de mi papá. El evento incluyó, en su final, varias bebidas a base de elixir de uva, anís, agave y malta fermentada de cereales de las cuales fui degustador bajo la mirada amenazante de mi progenitor. Salí ‘prendidito’ del evento.

Años después, los premios tomaron más fuerza y se convirtieron en la tribuna más importante para la farándula colombiana, al igual que pasa en México, porque allá también realizan este encuentro. Transmisiones de varias horas, cantantes de renombre y lágrimas de emoción hicieron parte de estos reconocimientos.

Quienes hemos trabajado en redacciones de noticieros de televisión no podemos negar que encontrarnos esta revista sobre un escritorio nos permitió desconectarnos de la realidad nacional durante algunos minutos y darle un ‘reset’ al chip informativo que manejamos en el cubrimiento diario de noticias.

Pero ahora, como dijo un reconocido narrador deportivo: ‘final, final; no va más’. Para quienes estamos en el tema de los medios de comunicación el que uno de estos espacios informativos se extinga es un golpe duro. Eso significa, en primera medida, menos plazas laborales (100 despidos); y en segunda, que mientras que paguemos el mercado nos va a tocar volver a las ‘Selecciones’ de Reader’s Digest o a los cuadernos de colorear de Disney.

La editorial Televisa, dueña de la revista, decidió dejar de producir contenido colombiano y decirle adiós al país. Ya lo habían hecho publicaciones como ‘Caras y ‘Esquire’, también de esa casa. No obstante, la compañía no se ha pronunciado acerca de lo sucedido y, por ahora, todo obedece a una información publicada por ‘La Negra Candela’ en su cuenta de Instagram, que ya fue retomada por un par de medios escritos.

El ambiente se pone ‘color de hormiga’ para los medios impresos en un país que se encuentra obnubilado por las redes sociales y el universo de noticias falsas que, por culpa de algunos, mandan el discurso y hasta las agendas de muchos.

La más reciente portada de la revista trae a Mariana Gómez, protagonista de la novela ‘Loquito por Ti’, sentada en una butaca gris y acompañada de un ‘jurgo’ de titulares que hacen referencia la nueva novia de Mario Espitia; al nuevo esposo de Claudia Palacios; y al horóscopo de 2019 con las predicciones y rituales para todos los signos, entre otros.

Pero, con todo y lo que pasa, a mi todavía me dan ganas de ojearla. Ojalá y no se vaya porque periodistas sin espacios para informar se pueden convertir, en mi concepto, en socializadores de difamaciones a través de portales descarados, como ya existen.

La verdad, prefiero a Tv y Novelas…

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