Sobre delfines y lobos

4 de febrero del 2015

El destino del DNP bajo la égida equivocada

Sin duda el mito sobre el carácter exclusivamente técnico del Departamento Nacional de Planeación (DNP) ha venido cayendo aceleradamente. En su momento se dijo que la entidad había perdido su rol original bajo la dirección de Carolina Rentería y muchos consideraron errado el posterior nombramiento de la desconocida Tatyana Orozco. En esa misma línea fue observado el nombramiento del delfín Simón Gaviria, quien con el paso del tiempo ha dado señales de que el DNP, más que antes, esta entregado a la mala suerte de existir en un país en que la voracidad política no conoce límites.

Informaciones internas revelan una administración que llegó a frenar y alterar los procesos de importancia que se adelantaban, como en el caso de los contratos plan o el hecho de que muchos de los contratistas de la Dirección de Regalías tuvieran que esperar confirmación de su continuidad, a pesar de haber accedido mediante meritocracia. El abuso de la Dirección llego al punto en que varios de ellos fueron notificados de que no serían nuevamente contratados mediante un lacónico correo electrónico en medio de las fiestas de fin de año.

Las plazas de estos excontratistas con experiencia fueron provistas, en no pocos casos, por profesionales recién egresados, novatos que por su filiación política fueron lanzados a la labor de acompañar un tema tan importante como el de las regalías. El nuevo director parece ignorar la curva de aprendizaje por tender un puente a aspiraciones personales futuras, que toman todo el sentido cuando se sabe de sus continuas reuniones con congresistas.

El talante del señor Gaviria se expresa en que para los cargos directivos considera obligatorio que la persona de la baraja relacione en su hoja de vida estudios en el exterior, descartando peregrinamente a un gran número de profesionales, expertos con enormes capacidades y conocimientos, que bien pueden darle cátedra a varios de sus bendecidos. Ejemplo claro del ejercicio de lugares comunes y estereotipos en la dirección de lo público.

A este conjunto de hechos lo ha acompañado de una estrategia intensa de presencia en los medios, que llevan al nivel de la reiteración la “destorcida de la economía venezolana” y la importancia de las regalías en el plan de desarrollo (sus gurús no le han actualizado el libreto con la noticia de los precios del crudo). Mientras tanto, en la radio se escuchan anuncios mencionando la labor del DNP en la elaboración del plan de desarrollo, una función institucional confundida con la evidente intensión propagandística que intenta poner a sonar el nombre de su director.

No contento con su espectáculo en el DNP, el lobo vestido de oveja pretende lograr el nombramiento en la dirección de la Agencia Nacional de Televisión a su amiga personal Isabel Cristina de Ávila, esto a pesar de que no cumple con los requisitos del empleo.

Por lo anterior, no es extraño descubrir que para muchas personas el DNP es “una gente que hace lo que Presidencia diga, son los cargaladrillos de allá, los que hacen presentaciones bonitas y escriben bonito y hacen cálculos bonitos. Pero no deciden nada importante”[1], sino que si hay algo peor que un político tradicional colombiano, es que este tenga hijos con pretensiones políticas.

[1] Los sentimientos encontrados por la llegada de Simón a Planeación. La silla vacía. 2 de febrero de 2015.

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