Sobre la risa

11 de junio del 2019

Opinión de Antonio Pinilla

Sobre la risa

123rf

Son casi las seis de la tarde y Amanda recibe un mensaje a su celular. Cuando sale de un rascacielos de puerta giratoria en Nueva York, ella digita 1212 para desbloquear su celular y revisar las notificaciones pendientes. Relajada porque había concluido su día laboral, decide darle play a un video que le envió una revista de cine a la que está suscrita. Es un corto de los hermanos Lumiere. Ella ve que un hombre con sombrero riega las flores con una manguera, luego, un niño díscolo pisa la manguera. El hombre mira la boca de la manguera y un chorro de agua le moja la cara. El hombre se da cuenta de la broma y castiga al niño burlón “El Regador Regado” es el título de esa serie de imágenes en movimiento en blanco y negro. Es corto pero gracioso, se decía a sí misma.

Mientras bajaba las escaleras para tomar el metro, Amanda vio a una señora que sonreía mostrando los dientes cada vez que le dejaban una moneda en el sombrero que tenía al frente mientras tocaba violín. Tener los dientes apretados significa que no va a morder, es un gesto de conciliación que los humanos comparten con los chimpancés. Ese dato lo leyó en una publicación que le pareció interesante, seguida de una que decía que dar la mano abierta a un desconocido, viene de los hombres de caverna que cuando se acercaban no tenían palos ni piedras, es decir que iban desarmados.

Se resbala, cae y se ríe, se da cuenta que llevaba mucho tiempo mirando lo que tiene en sus manos y no lo que tiene enfrente. Le duele la rodilla, se sienta en un banco y se vuelve a reír, esta vez a carcajadas. Recordó la parte del libro, La Nueva Comedia Americana que Ezequiel Boetti escribió sobre cómo las personas se curaban en la antigüedad. Los griegos construían hospitales cerca de teatros, para que los enfermos se acercaran a ver obras de espíritu satírico, porque terminaba con un final feliz. Amanda se dio cuenta que su caída fue dolorosa, pero recordarla en las circunstancias que se dio y bajo la mirada del público, le causaba gracia. Era la risa la que superaba un dolor agudo inesperado. Al final ella se curó con su propia comedia.

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