Solo un Sueño

5 de septiembre del 2011

Por fortuna, solo fue un sueño. Y que no quepa la menor duda, no tengo la más mínima intención –por lo menos en el presente concreto-, de ese tipo de aspiraciones. La primera imagen, fue ver mi foto en un cartel gigantesco, con el logo de un partido que no reconocí –y quiero creer, al […]

Por fortuna, solo fue un sueño. Y que no quepa la menor duda, no tengo la más mínima intención –por lo menos en el presente concreto-, de ese tipo de aspiraciones. La primera imagen, fue ver mi foto en un cartel gigantesco, con el logo de un partido que no reconocí –y quiero creer, al fin y al cabo es mi sueño, que lo hacía por un partido independiente- y el número tres. El eslogan de la campaña: “Ahora si es Posible”, como si prometiera de una vez por todas el cambio que por fin, mi ciudad necesitaba. Ahí estaba, en el sueño yo mismo me veía, y a mi lado muchos seguidores gritando arengas a mi favor: “ese es, ese es…”, “ese es el Alcalde que Sincelejo necesita”. Me paralicé (en el sueño), porque estaba aspirando a uno de los cargos más representativos a nivel local: la Alcaldía. Y hay que ver lo difícil que es hoy día, ser Alcalde de una ciudad: primero porque eres la cabeza visible de la administración. Es decir, que en caso de que las cosas salgan mal –como siempre suele pasar-, la primera cabeza que rodará, será la tuya. Pero se sabe que siempre hay una luz al final del túnel y todos se dejan iluminar por ella. Como estamos en Colombia y aquí por lo general los procesos judiciales toman tiempo, lo más probable es que termine mi mandato, sin ser procesado y luego como es lógico, dilate el proceso lo más posible, para quedar libre de forma completa, por vencimiento de términos. Segundo: porque lo más factible es que celebre contratos de forma indebida. Es decir, que favorezca a X o Y contratista, por encima de otros, porque en cierto modo tengo algún grado de afinidad con él. Y que un contrato que debía durar seis meses, dure tres años en ser ejecutado, lo que le daría al contratista y a mí, una fuerte suma que engrosaría sustancialmente nuestros bolsillos. Tercero: porque tendría que pagar –con dineros públicos-, fuertes sobornos a los medios de comunicación local, para que mantengan integra, mí imagen de buen Alcalde, a pesar de que todo no sea más que una farsa. Para después, ser investigado por periodistas, que trabajan en medios nacionales reconocidos, y balbucear como un inepto ante sus cuestionamientos, porque no sé qué decir. Pero en fin, el sueño continuaba y yo estaba bastante metido en mi rol, de aspirante.

Así que caminaba por las calles de la ciudad, acompañado de un grupo nada despreciable de seguidores, mientras me topaba con la gente y me detenía a escucharlos, y compartía con ellos y los invitaba a votar por mí. No votes por el candidato –les decía-, vota por las ideas, por las propuestas. Vota por la transformación de la ciudad. Y en los ojos de la gente, veía la esperanza, como sucede hoy día con cualquier político que se les acerque. Qué le vamos a hacer, de esta forma se ha hecho –y todo indica de que no habrá muchos cambios-, la política en el país. En esas estaba, caminando palmo a palmo la ciudad. Hablando con los vendedores ambulantes. Ellos me decían, que estaban olvidados, que la Administración actual no había hecho nada por mejorar su situación, que sufrían el asedio constante de la fuerza pública. Qué cómo hacían, si aquí no había otra cosa que hacer, de algo tenían que vivir. O acaso, dígame doctor: ¿usted cree que es muy bonito estar todo el día, empujando una carreta por toda la ciudad? Obviamente mi respuesta era que no. Pero les decía, que en mi programa de gobierno ellos, tenían un lugar privilegiado – cuál lugar sería, lo dudo, pero era mi sueño-, y la gente aplaudía, como suele hacerlo en estos casos. Ven en los políticos, la oportunidad para salir del atolladero. Pero la realidad, es completamente diferente y los regresa de nuevo al mismo atolladero y esta vez se encarga de hundirlos más. Es así, no puede ser de otra forma, es política hecha en Colombia.

Pero en el sueño, yo seguía caminando, recorriendo la zona céntrica – que por estos días, se encuentra en completo caos por obras, que desde hace rato se adelantan-, y me iba encontrando como mucha gente y los saludaba y les hablaba y los escuchaba y alguien anotaba. Les decía: que votaran por mí, que su voto no iba a ser en vano. Que se debía apostarle a las nuevas ideas, que yo no venía de cuna política, que era un candidato del pueblo –tamaña mentira-, si todos los candidatos son del pueblo. Todos en principio, sufren en carne viva, las injusticias que se cometen con el pueblo –picaros, grita la señora desde el balcón, todos son iguales-, y quizás tenga razón, pero al final cómo saberlo, la única forma posible, es votando, pero por quién votar. Todos estos interrogantes, deben platearse desde el principio, y no en el momento justo –como suele suceder-, en que has votado. Porque por lo general, ya es demasiado tarde.

En ese momento mi esposa me despertó. Cuando vi su rostro me sentí feliz, supe en el instante que todo no había sido más que un sueño. Eso me alegro mucho la vida: saber que yo no era un aspirante a la Alcaldía y que por ende, no tenía que mentir a la gente, ni hacerles falsas promesas que nunca les iba a cumplir. Porque no nos digamos mentiras, aunque se sea muy honesto –o por lo menos se intente serlo-, el sistema ya ha creado sus vicios y manos poderosas lo manejan a su antojo, lo que hace que la situación se torne bastante complicada, para el aspirante que en realidad se decida a hacer cosas buenas. Aunque lo admito: me gustaría que eso pasara, que un candidato con valía, fuera capaz de desmontar toda esa horda de corrupción, que tanto daño le ha hecho a mi ciudad –y al país entero-.

Al final lo más importante, es comprobar: que todo cambia. Los niveles de corrupción aumentan, el desmadre de los recursos públicos es más acentuado, que las promesas nuevamente se quedaron sin cumplir, que las vigencias futuras están comprometidas y un sinnúmero de circunstancias, que a uno lo ponen a pensar, en que lo mejor sería abstenerse. Pero abstenerse, es tan bien absurdo, porque a la larga otros elegirán por ti, lo que constituye que la pena moral que después se padecerá será más profunda. Entonces, qué hacer: lo mejor que podemos hacer, es votar desde la conciencia y al hacerlo crearnos un escenario prospectivo, de lo que será si elegimos a X o Y candidato. No podemos olvidar, todo está en las manos, de los que votamos. Depende de nosotros, si acabamos o no la corrupción. Hay que dejar de soñar, y poner un poco más los pies sobre la tierra. Esto es importante, si de verdad lo que se quiere, es el cambio.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO