“Star Wars: El Ataque de los Clones”: Un mal romance y el inicio del fin de la democracia

27 de noviembre del 2019

Por: Carlos Yaya.

“Star Wars: El Ataque de los Clones”: Un mal romance y el inicio del fin de la democracia

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La República está enfrascada en un conflicto que puede deteriorar su unión para siempre. Varios sistemas estelares están separándose de la República con el apoyo de los gremios comerciales, quienes buscan someter la República a sus demandas. En este contexto, la Senadora Padmé Amidala regresa a la Capital para votar sobre la creación de un ejército para asegurar la libertad de la República. Después de un atentado a su vida, Padmé debe huir a su planeta natal escoltada por su viejo amigo, el joven Jedi Anakin Skywalker. Mientras, el maestro Jedi Obi-Wan Kenobi se coloca en la tarea de investigar el atentado a la senadora

“Episodio II” tiene más fuerza que su predecesora al darle a Obi-Wan toda una gran maquinación que resolver junto a un contexto social y político que enfrentar. Si bien el Caballero Jedi sigue la pista de los criminales, lo hace sin el apoyo completo de sus colegas, maestros arrogantes que no pueden ver más allá de sus propias narices y que no quieren revelar ante la opinión pública que su uso de la Fuerza, la energía que rodea la vida en la galaxia, está decayendo; admitirlo implicaría perder su estatus social en el orden de la República.

Al viajar a Kamino, un planeta desconocido para la República y el Consejo Jedi, Kenobi encuentra que allí se está creando, de forma muy conveniente, un ejército para defender la República de un conflicto que todavía no existe. Cuando el choque con los Separatistas se escala, el Senado se ve obligado a ceder poderes de emergencia al Canciller Palpatine para que utilice este ejército en pro de la defensa de la República, así dando inicio a la Guerra de los Clones.

Con “Episodio II”, Lucas referencia la geopolítica contemporánea para mostrar los inicios de una dictadura capaz de manufacturar amenazas para justificar conflictos armados muy destructivos. Pasó en la Segunda Guerra Mundial, en la Guerra contra el Terror y pasó en Star Wars. A pesar de que el Canciller Palpatine promete regresar el poder que se le confió una vez termine el conflicto, su ascenso al poder conlleva terribles consecuencias para las siguientes entregas.

El tono tan especial que pudo tener “Episodio II” es descoordinado cuando este thriller político se intercala abruptamente con una historia de amor muy importante para la saga, que igual deja mucho que desear en términos de ejecución. La Senadora Amidala, perseguida por asesinos intergalácticos, decide volver a su hogar junto con Anakin, pero como la historia de George Lucas olvida cualquier amenaza establecida hacia Padmé, entonces nos enfrentamos a los preciosos e inofensivos paisajes de Naboo. Si bien esta parte de la narrativa tiene uno de los temas musicales más bellos jamás creados por John Williams y un memorable vestuario portado por la actriz Natalie Portman, muchas de las escenas románticas no tienen peso y se destacan por el diálogo más ridículo que se le ha ocurrido a Lucas.

En vez de colocar a esta pareja en riesgo y en situaciones que hiciesen de su relación algo creíble, se vociferan estupideces entre sí, mientras Obi-Wan y el drama del Senado cargan con toda la tensión de la película. Cabe destacar que existen momentos contados en los que Anakin y Padmé

discuten sobre temas como la falta de apego del Consejo Jedi y la naturaleza de la democracia, tópicos que pudieron haber enriquecido el resto de sus conversaciones. Como dato curioso, una de estas interacciones fue improvisada por los actores porque no estaban satisfechos con las líneas que Lucas había escrito para ambos en dicha escena.

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A pesar de la pobre dirección que George Lucas ejerce sobre la actuación de su personaje más importante, Anakin Skywalker, la narrativa que estructura alrededor de él logra tener gran poder. Anakin, para molestia de muchos fanáticos y no para mí, es un terco, quejumbroso y arrogante muchacho que no respeta la autoridad de su maestro y actúa impulsivamente antes que pensar con serenidad. Después de todo, es solo un joven y aunque no tiene el temple de sus superiores, si cuestiona sus costumbres tan arcaicas, tradiciones tan ambiguas como no poder entregarse al amor de otra persona, o el juzgar con severidad el hecho de sentir ansiedad por el futuro.

Los Jedi hablan de tranquilidad y dejar ir, pero jamás enseñan a Anakin como ser fuerte y tener paz con su duelo. Cuando el joven se enfrenta al mayor golpe de su vida, la muerte de su madre, cae en un dolor inmenso, se deja llevar por la violencia que lleva consigo, asegura que jamás se sentirá impotente de nuevo y se obsesiona con el hecho de ganar los poderes suficientes para no perder jamás a quienes ama. Las mejores escenas de la película provienen de ira que trastorna completamente el carácter de Anakin, lo cual culmina en una acción impulsiva que tiene graves consecuencias y que hacen preludio de la tragedia en el siguiente episodio.

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Molestias en el guión aparte, la imaginación y ambición de George Lucas se encuentran desencadenadas en “Episodio II”. Los nuevos planetas Geonosis y Kamino demuestran una creatividad impresionante en cuanto a su arquitectura y sus criaturas. Desde la elegancia de Kamino a las salvajes catedrales y arenas de gladiador de Geonosis, el diseño de producción es espectacular. La precisa composición de estos espacios es relegada casi completamente a los animadores de efectos especiales, quienes hacen una inmensa labor. No obstante, la severa dependencia a estos trucos visuales hace que estos pierdan algo de su encanto cuando un actor ocupa estos espacios, pues dan la impresión de los actores parecieran stickers en fondos de pantalla muy encantadores. Incluso con estos percances, la acción de esta película es estelar e increíblemente emocionante para cualquier fan, especialmente cuando el pequeño maestro Yoda muestra sus extraordinarios talentos con el sable de luz y cuando decenas de maestros Jedi se ponen en modo combate en la arena de Geonosis.

“Episodio II” resulta tener elementos que la hacen mejor en comparación con su predecesora, lo que la hace un festejo completo del poder de la imaginación de George Lucas y su entregada construcción al universo de Star Wars. Por otro lado, es una muestra clara de las limitaciones que tiene su creador para expresar sus ideas. Por lo menos, Lucas alcanza a preparar a Anakin Skywalker, su héroe, en el camino que lo llevará a decisiones irreversibles.

Carlos J. Yaya
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