Cuando la muerte es un deber

30 de enero del 2013


La muerte es un descanso de los sufrimientos que nos agobian, de las incertidumbres por el presente y la desesperanza del futuro

Leía en internet hace unos días una noticia que me asombró: Amaia Egaña, una mujer de 53 años, ex diputada del partido Socialista falleció en la localidad vizcaína de Barakaldo, cuando una comisión judicial iba proceder a desahuciarla de su vivienda. A desalojarla, como decimos en Colombia. Desesperada y próxima a quedarse en la calle, tomó una silla, se acercó hasta el balcón y se lanzó al vacío desde el cuarto piso del inmueble. No falleció al instante, pues según el diario El País, el médico que iba con la comisión la encontró con vida pero ya sin esperanzas, y tan sólo pudo certificar su muerte.

No es el único caso de suicidios por la crisis económica que atraviesa España desde el 2008, que según diarios como Portafolio, no va a variar en un buen tiempo. Por ejemplo, hay casos como el de un joven madrileño que se suicidó porque había sido despedido de su trabajo, y al no tener con qué sostener a su familia, puso fin a su vida. Un vigilante en Cataluña se suicidó acosado por las deudas: debía cerca de 10 mil Euros y su ingreso mensual era mileurista, es decir, ganaba menos de 1000 Euros al mes, una especie de salario mínimo. Este hombre dejó dos hijos de 25 y 21 años. Hay situaciones dramáticas, sobrecogedoras, como la de un viudo de 75 años mató a su hijo discapacitado de 46 porque no podía seguir haciéndose cargo de él, posteriormente se suicidó; en Málaga, una mujer discapacitada se lanzó desde el piso catorce de su apartamento, una escena presenciada por un centenar de personas.

Freud en un artículo sobre la vida y la muerte, comentaba con resignación que el hombre es el único animal para quien su existencia constituye un problema que debe resolver. Así, cuando no hay salidas, cuando la situación financiera es dramática, y no hablo de macroeconomía sino de simple y llana economía familiar, doméstica; pues la única salida o escape, como quieran ustedes llamarlo es huir de sí mismo, dejar de ser y existir, porque en últimas la vida nos rebasó. Posiblemente saldrán los defensores de la virtud para ofrecer una esperanza que puede ser un refugio, una frase o una alternativa. No deja de ser diciente que la Iglesia española, ante la magnitud de la crisis, se haya convertido en una alternativa para los jóvenes, “no tendrás riquezas, pero sí un techo donde dormir y un pan para comer”, decía una propaganda que veía con mi mamá el otro día.


Más del 55% de jóvenes no tienen empleo en España, y la tasa de desocupados es la más alta del viejo continente.

Pero el consuelo de una vida eterna o de una sencilla y humilde no es la solución al problema. Tampoco los actos de fe, en Grecia las Iglesias Ortodoxas en Atenas, Tesalónica o El Pireo han estado más concurridas de lo habitual desde hace un tiempo, pues no queda otra cosa más que rezar, a ver si con la intervención divina la realidad cambia. Mientras tanto las calles son un campo de batalla entre los indignados y la fuerza del orden, o los afectados por las reformas estructurales propuestas por la Canciller alemana Angela Merkel, que en nombre de la mezquindad y la austeridad pretenden convertirse en la bandera salvadora del viejo continente. Que hoy más que nunca parece cansado, cargando un lastre histórico sobre su espalda que en cualquier momento lo puede derrumbar.

Hace unos días el gobierno Rajoy reconoció la realidad de los suicidios y anunció medidas administrativas y legales para contrarrestar la cicatera Ley de Hipotecas, que favorece y blinda a los bancos, que crearon y son los responsables de la crisis crediticia e hipotecaria que sacude a Europa. Diría mi mamá “de lo dicho a lo hecho,…”.

Porque la realidad no se cambia, o al menos se renueva con anuncios o promesas, tampoco con la ideología, insuficiente siempre
. Hoy como ayer la política es la misma: un juego de intereses en el que el poder es un botín, un medio para eternizarse. No importa cuántos suplicios haya provocado la crisis, ni cuántos vendrán, desde la mezquindad y la inercia de la Unión Europea lo importante son los rescates financieros. El interés del gremio bancario que en nuestro país es de una sinvergüencería grosera.

Quizás lo único que podamos hacer sea indignarnos. Decir las cosas por su nombre, gritarlas si es posible. Para qué, para que sepan los que tiene el poder que los suicidios por la crisis o los lentos suplicios como el desempleo y la pobreza son una realidad que debe cambiar, si no quieren que todos terminemos por hacer de la vida un infierno.

Un fin del mundo que en vez de espantar sea un alivio, y la muerte un deber, como decía el filósofo Hume.

En Twitter @ferchorozzo
Imágenes revista Ecclesia, España, y Radio Nacional de Holanda. 2012.

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