T E N G O

18 de diciembre del 2013

Saludo para todos. Debido a la época, en la que todos andamos reflexionando, cosa que deberíamos hacer siempre, voy a compartir como primera publicación de este blog, algo que escribí hace ya muchísimos años y que ha sido conocido por muy poca gente. Un abrazo para cada persona que lo lea:

Tengo que usar toda la energía que hay, al igual que la que reciba, en el bien no mío sino de la armonía que debe existir en lo que me rodea.

Tengo que consagrarme, pero no para que todos me feliciten, sino para saber que realmente me siento bien.

Tengo que alcanzar metas y obtener triunfos, pero no para vanagloriarme, sino para convertirlos en ofrendas destinadas a quienes les debo gratitud.

Tengo que aprender a aceptar, o mejor a manejar las cosas negativas que encuentro, no solo por aquí sino en todas partes, pero esto no se debe implicar mi aceptación para formar parte de ellas ni mucho menos impedir que distinga las positivas y les saque el mejor provecho.

A pesar de las dificultades tengo que conservar sereno mi espíritu y mantener la presencia de ánimo y saber cuándo descansar y aprender hacerlo.

Tengo que disfrutar de cada cosa que me pasa.

Tengo que conservar la cabeza fría y no solo la cabeza fría, sino el pensamiento lúcido y amplio para estar seguro de que al analizar algo, la decisión que tome tenga la más alta probabilidad de ser acertada y así no tener de que arrepentirme; pero también tengo que recordar que algunas veces no es necesario un análisis.

Tengo que conservar el equilibrio dinámico que debe existir entre lo personal y lo profesional, actuar sin miedo pero con prudencia y afrontar con entereza y reconocimiento mis errores, no juzgar a los otros ni más fuerte ni más débilmente que como me juzgo a mí mismo; tengo que respetarlos y saber hacer que me respeten, tengo que saberme relacionar con los demás sin agredir su dignidad ni su pensamiento y manteniendo los míos sin evitar el enriquecimiento mutuo, velando porque cada relación sea provechosa bilateralmente.

Tengo que saber aceptar que muy pocos tienen que comprenderme, mejor dicho que nadie tiene que comprenderme y saber diferenciar entre cuando soy o no comprendido; y tener presente que la soledad es uno de los mejores maestros, de esos que exigen mucho pero porque dan mucho; tengo que aprovecharla, disfrutarla, entenderla…

Tengo que aprender a distribuir las prioridades y a actuar de acuerdo a esa distribución, tengo que saberme comunicar sin temor, así quien me escuche lo infunda, porque tengo que recordar que es cierto que la grandeza no está en hacer que los otros se sientan pequeños, sino en lograr que todos se sientan grandes.

Tengo que hacer muchas cosas, todas tan, o más importantes las que aquí recuerdo; pero tanto unas como las otras se resumen en que tengo que VIVIR Y NO SOLO SOBREVIVIR.

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