Taxis, tablas y de vuelta a lo material

16 de julio del 2014

El otro día me subí  un taxi y me impresionó la forma en la que ha cambiado el servicio en los últimos 2 años. Aclaro, no es que no haya salido durante todo ese tiempo, ni que haya dejado de usar los taxis como modo de transporte -sobre todo en las noches que se vuelven casi […]

El otro día me subí  un taxi y me impresionó la forma en la que ha cambiado el servicio en los últimos 2 años. Aclaro, no es que no haya salido durante todo ese tiempo, ni que haya dejado de usar los taxis como modo de transporte -sobre todo en las noches que se vuelven casi la única opción de movilizarse de forma “segura” en la ciudad-.

Hace dos años la forma de reservar un taxi en la ciudad donde son estos los que se dan el lujo de escoger a sus clientes  en razón a su conveniencia – “uy es que hay mucho trancón por allá”, “es que ya voy a entregar el carro”,  “no le llevo el paquete”… etc..- cambió. Antes la forma para reservar un servicio era por medio telefónico en donde uno esperaba sigloss hasta que la operadora lo atendiera sin que le cortara la llamada, o en el mejor de los casos, uno se quedaba escuchando mensajes profundos con una tonada de fondo con la que aún tengo pesadillas.  Había quienes, cansados de la situación, guardaban los celulares de cual taxi se encontraran y los llamaban como “taxis de confianza” de celular a celular. Esto casi nunca funcionó, porque muchos taxistas trabajan cuando pueden, es decir, cuando les turnan el vehículo. Entonces las llamadas siempre interrumpían el sueño del conductor iracundo, cuando era que contestaban.

En fin… En el 2012 las aplicaciones de easytaxi (originaria de Brasil) y tappsi (de Colombia por desarrolladores independientes) empezaron a ser noticia y a ser descargadas masivamente en celulares, tablets -o tablas- incluso computadores. Como ya muchos lo sabemos por medio de esta herramienta las personas pueden solicitar de forma más cómoda un servicio de taxi y, luego de casi dos años de popularización de las aplicaciones es ya un hecho.

Es innegable que las tecnologías modifican la forma en que las ciudades, y las relaciones interpersonales se desarrollan. El descubrimiento de cómo controlar el fuego, la invención de la rueda, de la máquina de vapor, la genialidad de poner vertical en lugar de horizontalmente los rieles del ferrocarril para dar nacimiento a las estructuras en metal de los edificios en altura, el alumbrado público con luz eléctrica, la semaforización de las calles en la ciudad, los metros, los aviones… la lista es infinita. Hoy por hoy el avance tecnológico más destacado y, además, utilizado masivamente es la internet móvil que cada uno lleva en su bolsillo con el celular. Lo que permite esto es que facilita y diversifica los servicios, acelera la comunicación y posibilita un mayor control sobre las experiencias (tomar fotografías, grabar cosas, escribir notas instantáneas, etc etc etc) sino es que las crea.

La expansión -y al mismo tiempo, reducción en pequeños dispositivos móviles – de las telecomunicaciones está provocando que la dinámica de la ciudad y de sus servicios cambien y se experimenten de forma diferente. Esto no es nada nuevo; Autores como Moss, Sassen, Castells, Glaeser, Thrift, Graham etc etc etc han abordado este tema desde diferentes disciplinas que convergen para el estudio de la ciudad, de las globalización y de la economía que las atraviesa y les da forma en lo más particular.

Algunas de las discusiones que han surgido en la academia en los últimos 20 o 15 años frente a la intersección entre tecnologías de la comunicación y las ciudades es que problematizan el peso de las tecnologías en las relaciones que operan en la cotidianidad. Las tecnologías de la comunicación, y en general la tecnología, homogeinizan las condiciones materiales y venden una ilusión de neutralidad y de oportunidades para quien la posea… en suma, las tecnologías venden una ilusión de libertad traducida en “tengo todas las posibilidades”.

Sin embargo, no todo reposa en la tecnología y en lo virtual de las acciones: dar un click en la pantalla tiene implicaciones en la realidad de la calle así como un click, no puede cambiar el hecho que esté lloviendo. Las palabras contundentes y conocedoras del taxista con el que conversé y que inspiraron este post ponen en el plano de lo material y de lo práctico cosas que pueden ser “muy interesantes” en la literatura, pero que no son tan claras a la hora de verlas en la cotidianidad!!!

Mire: aquí lo que importan son tres cosas:

  • velocidad del dedo
  • la cercanía
  • la  tabla

Claro!. dependiendo de la tecnología que porte la “tabla” (que incide en su velocidad, en qué tanto se traba, en qué tanto se desconecta del plan de datos, etc), de qué tan ágil sea el conductor (las habilidades piscomotoras siguen primando aunque se tengan las tecnologías que parecerían neutralizarlo todo) y el aspecto que más se olvida con las tecnologías de la telecomunicación, el espacio. La proximidad o distancia siguen estando en un plano de la realidad, y por ello son determinantes de los servicios que operan en dicho plano.

Ver las tecnologías como autocontenidas y como gestionadoras de las experiencias tangibles es un error. Las tecnologías deben ser vistas siempre de la mano de  la técnica que es la forma en la que se usa la tecnología y se sustenta en procesos de aprendizaje, habilidades y en las condiciones materiales de sus uso.  Ahora puede entenderse lo que decían el geógrafo y la urbanista cuando aseguraban que  “la contradicción entre el desarrollo de las telecomunicaciones -a veces interpretada como la que está dándole fin al espacio, la geografía, y las especificidades locales- y una nueva era de concentración metropolitana puede explicarse por el hecho de que, aunque una compañía pueda estar distante de sus clientes, esta requiere de proximidad a servicios avanzados más que nunca”  (Ciccolelia & Mignaqui, 2001)

Referencias

Ciccolelia, & Mignaqui, I. 2011 “Buenos Aires: Sociospatial impacs of the development of global city functions” En: Global networks, linked cities. Comp. Saskia Sassen. Psychology Press, 2002.

Moss, Mitchell L. “Telecommunications, world cities, and urban policy.” Urban Studies 24.6 (1987): 534-546.

Graham, Stephen. “The end of geography or the explosion of place? Conceptualizing space, place and information technology.” Progress in human geography 22.2 (1998): 165-185.

Castells, Manuel. La ciudad informacional: tecnologías de la información, reestructuración económica y el proceso urbano-regional. Alianza editorial, 1995.

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