El problema no es Protagonistas

25 de julio del 2012

Si usted se embrutece viendo televisión, es porque de entrada es bruto.

Pocas veces se ve que un país se paralice por algo tan poco relevante y de tan baja calidad. Unos dirán que así nos tiene el fútbol y el reciente título de Santa Fe, pero el fútbol es el fútbol aquí o en Alemania. Otros dirán que el discurso uribista nos paraliza a pesar de su baja calidad, pero lo que está en juego, la democracia misma, lo hace relevante. Pero aquí estamos, los periodistas, los columnistas, los analistas, ustedes y yo, hablando de Protagonistas de Nuestra Tele.

En las emisoras se volvió tema del día preguntar a los oyentes qué piensan de que una participante mechonee a un adolescente homosexual. Julito y Camila llaman a los productores del programa a preguntarles si les parece correcto que un programa tan visto en toda Colombia dé ese ejemplo de violencia e intolerancia, y si es que al canal lo único que le interesa es el rating sin pensar en el contenido, mientras un periodista desesperado busca conseguir por teléfono la entrevista con dos Senadores y ponerlos a pelear. Columnistas y críticos de televisión coinciden en que el programa es pésimo, que los protagonistas no tienen talento pero son perfectos para el formato, que es inmoral poner a miles de personas a hacer fila cuando los elegidos son modelos, vedettes o Chicas Águila, que el programa es libreteado, que promueve la fama rápida y vacía, que no aporta nada, que embrutece. En las redes sociales se sufre, se critica, se burla o se indigna, y los pocos que no lo ven se quejan porque los demás lo ven. Pero mal que bien, nos tiene aquí, viéndolo y hablando de él, con orgullo o con vergüenza, con interés o sin él, con alegría o con rabia.

Los que lo ven y los que no parecen estar de acuerdo en algo fundamental: el programa es mediocre y es malo verlo. Pero a pesar del consenso general, no pienso que esté mal. Tampoco pienso que esté mal recurrir a la belleza del arte en Damien Hirst, a J Balvin y a Arjona para calmar el alma con música, a encontrar el significado de la humanidad en los libros de Paulo Coelho, o buscar la verdad y el análisis profundo del periodismo en los noticieros nacionales o en las columnas de José Obdulio. Entre gustos no hay disgustos, dicen. Pero lo irónico es que nos quejamos del programa porque pensamos que es mal ejemplo para niños y adultos, porque en vez de verlo sería mejor leer un libro, porque enseña que lo importante es el cuerpo y no el talento, porque enseña violencia e intolerancia, o por cualquier otra cosa. Pensamos que Protagonistas de Nuestra Tele es un problema social porque nos enseña cosas malas.

El programa podrá ser pésimo, pero algo debe quedar claro. Que creamos que da mal ejemplo y puede ser perjudicial no es un problema del programa, es un problema de nosotros mismos. Es ridículo que estemos asumiendo que los grandes valores vengan de los programas de televisión. Es vergonzoso que estemos pensando que la tolerancia, paz, inclusión, respeto, trabajo duro y valor propio sean valores fácilmente destruibles por la pelea de una vedette de plástico con un adolescente homosexual. Lo que eso significa es que ni tenemos esos valores, ni hemos sido capaces de defenderlos e inculcarlos en hijos, alumnos, familiares, amigos o empleados. Si tenemos miedo de que un reality show destruya las bases de la convivencia en sociedad, es porque esas bases no existen.

En eso radica la gran ironía de las quejas y las protestas por el mal ejemplo que pueda dar un programa de televisión. Que culpemos a Protagonistas de Nuestra Tele, a un videojuego, una banda de rock o a un comic de Batman por ser generadores de violencia, discriminación e intolerancia no es más que una crítica a nosotros mismos. Con cada queja se acepta lo terribles, vacíos e inmorales que somos. Y aún más risibles son las medidas que tomamos, porque pretendemos solucionarlo todo prohibiendo disfraces de Batman en los cines o buscando responsabilidad social en una docena de personajillos que viven juntos durante dos meses en un estudio con cámaras en los baños. El problema no es ver el programa, sino verlo esperando educación. Que creamos que un programa embrutece es un insulto, porque si usted se embrutece viendo televisión, es porque de entrada es bruto. Los malos no son los actores, escritores, modelos o rockeros. Los malos somos nosotros.

@viboramistica

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