Terapia de perdón

18 de marzo del 2019

Opinión de Roberto Reyes Gámez

Terapia de perdón

Recientemente vimos como la Senadora del Centro Democrático Paloma Valencia y el Senador del partido político de las FARC Jorge Victoria más conocido como “Pablo Catatumbo”, se trenzaron en senda pelea verbal, luego de que la Senadora le grita “narcoterrorista” a lo que el senador desmovilizado le respondió con improperios como “paracos”, haciendo una clara alusión a la relación que siempre se les ha endilgado a los miembros del CD de apoyar a los grupos paramilitares en Colombia. Sin embargo, esta no es la primera y seguramente tampoco será la última vez que los senadores y en general, los miembros de las dos orillas políticas se enfrenten a insultos y ataques personales, ya hemos visto como en anteriores oportunidades los miembros de la bancada de gobierno se han referido a los miembros de la extinta guerrilla en términos bastante desobligantes y que desdicen de la lógica de paz en la que deberíamos estar todos los colombianos empecinados.

Este episodio muestra que los ataques no están relacionados con la condición de desmovilizados de los miembros de la otrora guerrilla, ya que en el mismo partido de la Senadora Valencia, militan varios de los miembros de la también desmovilizada guerrilla del M-19, sin embargo, claramente no se dan los mismos enfrentamientos con ellos, como si se dan con los ex FARC.

Pero, que hace que las víctimas directas en general, los vea uno con más frecuencia hablando de paz y reconciliación, mientras que personas que no han sentido el rigor de la guerra en carne propia, se trenzan en discusiones y peleas, aparentemente irreconciliables. En este punto, es válido preguntar, si a los colombianos nos ha ganado el odio por el otro.

Esta pregunta no tendría tanto sentido, si no viéramos como a diario las redes sociales se inundan de mensajes llenos de odio y resentimiento, en muchos casos infundados, es decir, sin que exista una razón de verdadero peso que les lleve a sentir tanta animadversión por la otra persona, incluso llegando a desearle la muerte a ese otro.

Es tanto el sentimiento de odio que se ha albergado en los corazones de un importante número de colombianos, que incluso vemos como en manifestaciones de paz, en marchas en favor algo, de lo que sea, hasta de cosas triviales, se termina atacando al que piensa diferente o al que no comparte sus mismos ideales. Ya se ha vuelto común dirigirse al opositor o al contrario en los términos más ofensivos posibles, con tal de mostrar su rechazo, las causas ya no nos unen, se nos perdió la empatía por el otro, llegando incluso a burlarse de su condición física, como el episodio del profesor Antanas Mockus, quien durante la alocución de la oposición como réplica al discurso presidencial, mostró su condición médica y muchas personas se agarraron de ahí para burlarse y hacer mofa de la misma, como un ataque directo a quien quiérase o no, hace parte de la oposición de gobierno.

No creo que exista una fórmula mágica para revertir el efecto que la política ha generado en nuestras emociones, sacando lo más visceral de las mismas, más allá que construir conciencia e inteligencia emocional y que el perdón y la reconciliación se nos vuelva política de Estado, es quizá la única manera para que podamos entrar todos como sociedad en una lógica de reconciliación, comprender y reconocer de una vez por todas que la diferencia no nos hace enemigos y que todos y todas cabemos en este inmenso país, despojarnos de los deseos malévolos de eliminar todo aquello que nos es contrario y empezar a construir desde la diferencia, no nos podemos permitir devolvernos al pasado, cuando ya habíamos superado un poco nuestras guerras, dejar de culpar a los políticos, que si bien, ellos tienen una enorme responsabilidad en esta polarización, somos nosotros como sociedad los que hemos permitido que eso ocurra. Por nosotros, por nuestro país y por nuestras próximas generaciones necesitamos entrar todos en un proceso terapéutico colectivo de perdón, a ver si de pronto así logramos que nuestros hijos y los hijos de ellos, puedan soñar con un país en paz.

@Prometeo214

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