El tesoro envenenado del Galeón San José

29 de diciembre del 2015

En forma muy torpe, sin medir las reacciones de su declaración, Juan Manuel Santos anunció que la armada colombiana había encontrado el Galeón San José hundido por los ingleses frente a Cartagena de Indias el 8 de junio de 1708 cargado de oro, plata y piedras preciosas de los virreinatos de Nueva Granada y Perú. […]

En forma muy torpe, sin medir las reacciones de su declaración, Juan Manuel Santos anunció que la armada colombiana había encontrado el Galeón San José hundido por los ingleses frente a Cartagena de Indias el 8 de junio de 1708 cargado de oro, plata y piedras preciosas de los virreinatos de Nueva Granada y Perú.

Por tratarse de un hallazgo arqueológico de gran valor,  lo correcto habría sido que el anuncio lo hiciese un arqueólogo involucrado en el manejo de algo que, aunque Colombia no haya suscrito la Convención de la Unesco sobre el Patrimonio Subacuático, se trata de un bien de interés para la Humanidad.

Involucrándose directamente con el hallazgo y reivindicando la propiedad del mismo para los colombianos, Santos se ha expuesto a los reclamos directos que ahora le hacen desde España, desde Perú, desde Ecuador y quién sabe si desde Panamá por donde también pasó la mayor parte del tesoro.

Fue inadecuado y nada elegante en Madrid callar que tenía esa noticia mientras España estaba rematando la labor de eliminar el visado Schengen a los colombianos en Europa.

Como era de esperarse, el anuncio presidencial desató en Colombia el nacionalismo que aquí, como en todas partes del mundo es cerril, irreflexivo y ciego. A casi nadie se le ocurre en Colombia que ese hallazgo pueda ser compartido con España o, lo que en mi opinión sería el ideal, que España pudiese participar en su preservación como bien de la Humanidad.

Así que al excitado nacionalismo colombiano de estos días por cuenta del mensaje presidencial sobre el hallazgo del San José, le propongo un ejercicio que podría ser de utilidad, partiendo de un hecho histórico que todos conocen.

Supongan que el buque Nashville, barco norteamericano al mando del comandante John Hubbard, para impedir la llegada de tropas colombianas a Panamá, hubiese hundido un barco de bandera colombiana el 3 de noviembre de 1903, cuando se independiza Panamá de Colombia.

Vamos a suponer que, dadas las circunstancias y ante el inminente desmembramiento del istmo del territorio colombiano, el gobierno de Bogotá hubiese dado a su armada la orden de evacuar hacia Cartagena bienes de gran valor antes de que eso ocurriese. Pónganle ustedes el valor que quieran o la importancia que les parezca, en todo caso imaginemos un tesoro de gran entidad.

En medio de los confusos episodios de aquellos días, el comandante Hubbard hunde el barco de bandera colombiana junto con el tesoro y en el incidente, además, pierden la vida unos cientos de colombianos que tripulaban el navío.

Siguiendo con las hipótesis, el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, anuncia que la armada de su país ha encontrado aquel barco y proclama orgulloso: “Ese tesoro es de los panameños, solo de los panameños”. ¿A alguien le extrañaría que Colombia reclamase como suyo ese tesoro?

Santos escogió mal el momento y la manera del anuncio y, por si fuera poco, trata el hallazgo como un tesoro en lugar de como un bien cultural, gracias a una ley promulgada por el Congreso que permite vender parte de este tipo de hallazgos, una barbaridad que nada tiene que envidiar a la destrucción de los budas de Bamiyán por parte de los talibanes o la voladura de la ruinas de Palmira por parte de Daesh.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO