Todo llega y todo pasa

31 de agosto del 2018

Por Gloria Echeverry.

Todo llega y todo pasa

Cuando no quieres gritar pero tu alma necesita expresar, los ojos explotan y las lágrimas salen como un volcán en erupción, es una limpieza de adentro hacia fuera, necesaria y poderosa. A veces sin motivo, a veces de emoción, frecuentemente por tristeza, esa lava que baja por nuestras mejillas nos hace sentir que estamos vivos, que las situaciones o las personas nos importan de verdad .

Las lágrimas tienen el poder de nublar nuestra vista, no vemos claro pero sin embargo, si dirigimos la mirada al sol, el efecto de refracción de luz con el fluido del sentimiento estancado, nos hace ver los colores del arco iris y lo mejor es que al final de él, siempre hay un tesoro.

Si las limpiamos, después de la emoción la vista se aclara y podemos divisar claramente eso que antes estaba escondido en el fondo del volcán antes de la erupción. Después de la lava afuera llegan los grupos de ayuda, tu familia, tus amigos o simplemente la voz de tu conciencia, allí te das cuenta que ese sentimiento en ebullición llega a un punto de calma y con el la solución, esa misma que en un principio te pareció esquiva y casi inexistente.

Es necesario que el sentimiento salga, todo pasa y nada permanece igual, lo que ayer te causo alegría puede ser hoy el motivo de una gran tristeza, pero aquellas cosas que antes no estaban en tu panorama pueden aparecer de repente y darte otro tipo de felicidad. Bien dice el budismo que la fuente del no sufrimiento está en la ausencia de apego, si no me apego no extraño, si no reclamo como mío, será de todos y lo de todos será mío.

Pero qué difícil es desligarse de algo que se llevó en las entrañas y que la vida te arranca sin piedad, ese desgarre duele hasta lo más profundo del alma y nos hace pensar que lo que hoy tenemos debemos disfrutarlo porque el mañana es desconocido y nada permanece igual.

Es real lo que no cambia entonces en esta fantasía llamada vida tenemos que crear constantemente ya que nada se mantiene en su estado puro aunque su esencia siga en algún átomo, que aunque presumimos que está allí, ya no lo podemos ver con ojos humanos.

Esta filosofía del cambio resulta de una premisa que reza mimetizandose con el entorno y sus sorpresas, nos convertimos en parte de ella, ahora sí las cosas no salen como lo planeaste, como te vuelves cambiante, simplemente te adaptas y aceptas que eres parte del todo, de eso que naciste y a donde vuelto polvo vas a parar.

Todo llega y todo pasa, el sentimiento se hace presente , trastoca los pensamientos y revuelca las palabras, cuando ya nos hemos acostumbrado a algo o a alguien llega el destino como un ciclón y cambia de lugar lo que creímos iba a permanecer, pone patas arriba aquello que estaba asentado y nos obliga a crear una nueva realidad, lo vivido no se puede deshacer.

La constante creación y la puesta en movimiento es nuestra salvación en época de reflexión, no te quedes en parálisis por el análisis, actúa, muévete, inventa aunque en la noche en medio de la calma, vuelva una lagrima a recordarte que nada sigue igual.

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