TODOS LOS CAMBIOS GENERAN MOLESTIA.

30 de junio del 2012

Desde la llegada de Gustavo Petro al segundo cargo más importante del país, la sociedad empezó a conmocionarse. Desde la esquina económica lanzaban furiosos ataques sobre supuestos, desde lo político por su proveniencia y postura ideológica, y desde lo administrativo por la inexperiencia en lo público. A todos estos ataques Petro respondió con gallardía y […]

Desde la llegada de Gustavo Petro al segundo cargo más importante del país, la sociedad empezó a conmocionarse. Desde la esquina económica lanzaban furiosos ataques sobre supuestos, desde lo político por su proveniencia y postura ideológica, y desde lo administrativo por la inexperiencia en lo público. A todos estos ataques Petro respondió con gallardía y dándole una altura al debate que hace mucho tiempo no se daba en el escenario político.

Las quejas continuaron por los nombramientos del gabinete, pues los críticos atacaban que eran académicos y que Bogotá les quedaría grande, nuevamente el discurso de la inexperiencia salto al escenario y se convirtió en el caballito de batalla de muchos, que olvidando el talante de Gustavo Petro y su trayectoria política, pretendieron asustarlo con discursos desobligantes y pendencieros.

Pero él, con tranquilidad fue sobrellevando las cargas y dejo que su equipo de gobierno, con su guía,  se encargara de la construcción del Plan de Desarrollo, mientras él soportaba la andanada de críticas que los medios de comunicación y políticos mezquinos de forma efervescente lanzaban día tras día. Las cosas han sido llevadas a extremos realmente ridículos y los ciudadanos nos encontramos de frente a los látigos inquisidores de aquellos que sin razón lanzaban críticas a diario, incluso defendiendo a aquellos funcionarios que salieron de la administración y que hace pocos meses quería llevar a la hoguera.

Pero estoy seguro que lo que los colombianos necesitamos es una salida que nos permita desde nuestras diferencias entendernos y respetarnos, por ello no es la idea arrojar agua sucia sobre algunas personas que se han mandado lance en ristre contra la administración de Bogotá Humana, hoy por el contrario pretendo poner a consideración de todos y todas un pensamiento, que espero logre llevar los ánimos a una línea de construcción colectiva y dejemos los odios que han impedido que la comunidad se vea beneficiada y aunemos los esfuerzos para construir comunidad.

La propuesta política de campaña de Gustavo Petro no era otra cosa que la que han plasmado en el Plan de Desarrollo, con los cambios técnicos requeridos y acoplándose a unos formatos dónde lo económico marca una importancia desmedida; pero aquellos que se han ido en contra del Plan deben entender que fue la propuesta por la que fue elegido por un porcentaje amplio de ciudadanos, lo que obliga a considerarla un mandato popular.

La visión de ciudad que quiere dejar como legado la Bogotá Humana de Petro, es un proyecto realmente sostenible y sustentable, responsable con los menos favorecidos y políticamente coherente con las nuevas formas de ver la política, donde la ciudadanía tiene tanta importancia y es la voz de todos la que se escucha contrario a unas directrices dictatoriales que alguien impone por su bienestar individual.

Con respecto a las formas de tomar las decisiones, bien lo dijo el mismo Petro en una entrevista a Yesid Lancheros, esta administración es su generis y por ello las formas de reaccionar ante las acciones de esta administración son tan desproporcionadas, pues toman por sorpresa a muchos, incluso a algunos miembros del gobierno, que sin dedicarle algunos minutos a pensar promulgan frases y discursos sin sentido, cuando se ven afectados como individuos dejando de lado algunos preceptos de la filosofía progresistas.

La ciudadanía debe tomar conciencia de la importancia que tiene para la ciudad y para el país los cambios estructurales referentes al concepto de ciudad que queremos y merecemos tener, no podemos exigir una ciudad o un país del siglo XXI manteniendo prácticas retrogradas y anquilosadas, por ello los actores políticos deben abrir espacios a las nuevas generaciones, deben dejar la envidia y la mezquindad reinante en la política y permitir que esos nuevos liderazgos se fortalezcan y crezcan.

Bogotá, lejos de ser la Atenas de Latinoamérica se ha convertido en una ciudad sin rumbo, sin norte, sin expectativas reales, una ciudad que ha naufragado por años por las aguas turbias de los intereses personales, cada nuevo alcalde ha intentado montar lo que se imagina es mejor o ha continuado lo que le funciono a su antecesor; pero ninguno, hasta el momento, le ha permitido a la ciudadanía optar por un camino que le permita adentrarse en las transformaciones que exige la vida del planeta entero.

Por lo anterior es necesario que nos permitamos un espacio y le demos a esta administración un respiro para que la alternativa que nos está abriendo la acabemos de construir entre todos, pongamos todos un poquito de esfuerzo, dejemos los odios, apostémosle al amor, cerrémosle el paso a la envidia y a los intereses individuales y pensemos en colectivo, así el día de mañana, en colectivo, podremos decir que entre todos transformamos la historia del país, entre todos nos permitimos construir comunidad.

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