Tres lugares inusitados en el Tolima

11 de diciembre del 2015

Fascinación por la historia y la belleza de tres lugares en Tolima.

Tres lugares inusitados en el Tolima

No tengo la más mínima idea de cuántas personas desconocen la existencia de estos pintorescos parajes, lo único que espero es que las imágenes y las historias que aquí recrearé sean un abre bocas para que las lectoras se animen, no a ir a estos lugares necesariamente, sino más bien a atreverse a ver la belleza y magia que se encuentra en los lugares  a los que frecuentemente se va de forma desprevenida.

Por eso del gusto a no hacer nada, de coger un poco de sol y de cambiar los aires rutinarios y acelerados que definen necesariamente la vida en la ciudad, estuve de viaje por diferentes lugares del Tolima y acá algunas fotos y un par de comentarios.

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para ubicarnos 

 El puente natural de Icononzo:  maravilla, muerte y rituales. 

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Puente Natural de Icononzo

Para el naturalista A. von Humboldt la estructura que permitía pasar a casi 100 mt de altura el río Sumapaz , conectando a Icononzo y a Pandi, era una de las cien maravillas del mundo en el XIX. Empezamos bien… Y es que realmente es asombroso ver cómo dos montañas se juntan casi rozándose, con una vegetación rica y a una altura considerable del torrente del Sumapaz… y cómo en los últimos años han reforzado la estructura con piedra, cemento y barandas para el turista.

Está ubicado al oriente del Sumapaz, conocida zona del país que por años fue más caliente que medio-día-en-Honda por la presencia de grupo rebeldes que lucharon por el derecho a las tierras (primer tercio del XX), por simpatizar con uno  u otro color político, y finalmente por los frecuentes enfrentamientos entre guerrilla y el Batallón de Alta Montaña (desde 2001) ubicado ad portas del propio páramo. El puente mismo fue testigo e instrumento de muerte durante los años más álgidos de La Violencia, ya que siendo el lugar divisorio entre municipios azules y rojos, la pena que tuvieron muchos que lo cruzaron muchas veces terminó al fondo del abismo, con cuerpos triturados que trataban de ser reconocidos por el párroco de turno sin mucho éxito.

El guía actual del puente, profe de Pandi y  perteneciente a la etnia de los Sutagaos nos comentó que además de esas historias oscuras el lugar, con un paisaje sobrecogedor es considerado por algunos como un sitio sagrado. Allí, en ocasiones comunidades indígenas realizan rituales y ceremonias de pagamento.

Ambalema: patrimonio nacional olvidado

De este municipio no queda sino la majestuosa arquitectura colonial que en su época y hasta la República le valieron como evidencia de que este era uno de los centros más importantes por la producción y comercialización de tabaco, por el estratégico puerto al Río Magdalena (unos kilómetros más al sur que el principal de Honda) y luego la estación del ferrocarril que conectaría con el interior del Tolima y los poblados ubicados en la parte oriental de la cadena montañosa.

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Malecón de Ambalema sobre el Río Magdalena

El pollo asado es la constante en el pueblo, el cual no tuvimos la fortuna de probar porque es tan éxitoso que un horno lleno estaba totalmente vendido. Aunque el pescado, por su cercanía al río también abunda con especímenes como el capaz, el nicuro o el bagre-sapo. El pueblo con no mas de diez mil habitantes tiene dos iglesias, una colonial (la roja) que no está ubicada sobre la plaza, y otra moderna, que raya con la arquitectura del entorno a la cual ni siquiera entré por desprecio a semejante incoherencia paisajística.

La parte del malecón lo fue todo para mi. Además de tener las dos infraestructuras necesarias para haberlo posicionado en el centro del país en su época: transporte ferroviario y transporte fluvial, este espacio está lleno de vida. Restaurantes ribereños, y uno más gomelo que se ubica en una suerte de balcón de frente al río, venta de la suculenta piña oro-miel y de la bebida fermentada Forcha la cual genera el desprecio de una amiga.

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Carrilera del ferrocarril hacia Ibagué

 Armero: tragedia y atracción.

Armero se volvió a poner de moda en Noviembre, por la conmemoración de los 30 años de la tragedia que vivieron sus habitantes por la erupción del volcán.  La ocasión no podía ser mejor – como excusa- para pegarse la rodadita hasta allá y conocer las ruinas del municipio que dio la vuelta al mundo y que en 1986, tras la visita del Papa Juan Pablo II fue declarado campo santo. Además de la tragedia que vivieron familias de los más de 20.000 desaparecidos, lo que más deprime hoy por hoy es la reacción que los gobiernos ha tenido frente a la problemática. Piensan que con la mera promulagiación de una Ley de Honores es suficiente.

Mi primera impresión fueron las ruinas de la parte alta del pueblo, el cual dicen no sufrió tanta devastación como en la parte baja; acá al menos se ven paredes en pie. Las casas destruidas, a medias, colonizadas por yarumos y  guaduas -gracias a la gestión de las aves de la región-, tienen diferentes marcas de propiedad. Nombres de familias enteras escritos con spray  o la presencia de una que otra lápida al interior de las casas son algunas de las marcas que declaran la propiedad de las viviendas y que erizaron mi piel. Decir esto es mio, es un acto simbólico fuerte; poseer un par de ladrillos trasciende lo material alojándose en el terreno del sentido, de la memoria y de la identidad.

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Esta casa es de…

Bajamos a lo que fue la plaza central hace 30 años y lo que hoy es un complejo de monumentos, vallas, tumbas y el centro del comercio sobre la tragedia… desde la gaseosita, cerveza y agua para quienes van a conocer o a visitara sus seres queridos desaparecidos, hasta la colección de vídeos que se han hecho con motivo del desastre se encuentran allí. Claro, el fin de semana de la conmemoración iba a ser un agosto para quienes viven del rebusque y hacen mano del acontecimiento para ello.

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Plaza central: monumentos, tumbas, turismo y comercio

Pero algo que llamó aún más mi atención fue el plan de subirse a la roca que sirvió de contención de la avalancha pero que finalmente se dejó llevar por el torrente y terminó abajo, donde hoy se encuentra. En la roca se pintaron apartes de textos escritos por sobrevivientes del desastre, como Luz García, autora de “Armero, en luto permanente” el año de 1990. Al ver eso sólo me preguntaba, ¿qué es lo que la gente espera ver desde allí arriba?. Hay una clara espectacularización de la tragedia -es un recurso más que usado para hacer propaganda- y no estoy diciendo que debe haber cierta actitud solemne en el lugar, pero no sé, algo no me cuadra del todo.

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La roca – mirador de la avalancha

Este elegante sujeto nos despide del Tolima y nos lleva de vuelta a Bogotá. Simplemente tenía que poner esta imagen para decir, ¡Hasta el próximo viaje!

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Mister Clásico de vuelta a Bogotá 

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