Un embajador bastante lambón

25 de febrero del 2015

Por una columna aparecida en el diario ABC esta semana, supimos de la existencia de un libro que a manera de regalo de Navidad, repartió la embajada de Colombia en Madrid entre diversas personalidades e instituciones en España a finales del pasado año. No he visto personalmente el incunable pero me fío de la reseña […]

Por una columna aparecida en el diario ABC esta semana, supimos de la existencia de un libro que a manera de regalo de Navidad, repartió la embajada de Colombia en Madrid entre diversas personalidades e instituciones en España a finales del pasado año. No he visto personalmente el incunable pero me fío de la reseña que hace de él Ramón Pérez-Maura.

El libro en cuestión, un panegírico titulado “La estirpe de los Santos. De la libertad de la patria a la Paz para Colombia”, obra de Jorge Enrique Reyes, llegó entre otras instituciones al ministerio de Asuntos Exteriores de España en donde, seguramente no sabiendo qué hacer con tan valioso presente, decidieron regalarlo a su vez al autor de la columna en ABC.

No sé cuántos ejemplares llegaron a la Cancillería española pero con uno solo que haya llegado ya da suficiente vergüenza ajena. El libro es, según Pérez-Maura, una “lujosa obra de gran formato con presentación del presidente Santos, introducción del propio embajador Carrillo, treinta páginas dedicadas a la estirpe de los Santos y cien páginas consagradas al Santos con el que nos ha regalado esa estirpe”.

Cuenta el cronista también que la minuciosa labor investigadora del autor de la obra lo llevó a hacerse con documentos tan atractivos como las fotos del presidente Santos haciendo la Primera Comunión, jugando al golf cuando apenas era un adolescente y ya veinteañero recorriendo Europa en un Alfa Romeo. Imagino el interés que habrán despertado en la cancillería española semejantes acreditaciones.

Se me ocurre que vale la pena detenerse en esta iniciativa del embajador Fernando Carrillo para ver hasta que punto puede llegar el servilismo de un funcionario agradecido con un cargo en el exterior que, en lugar de ocuparse de lo que verdaderamente importa a los intereses de su país, se dedica de manera tan impúdica a adular a su jefe.

Recuerda el señor Carrillo a uno de los personajes recogidos por Pancracio Celdrán en “El inventario general de insultos” publicado hace años en España, el lacayo lacayuno, “mozo de espuelas en exceso servil, que se ponía a cuatro patas para que lo utilizara el señor de banqueta para subir más fácilmente al caballo o al carruaje”.

Y como el libro cuenta con “presentación del presidente Santos” e “introducción del propio embajador Carrillo” quien dio al autor “constante apoyo en sacar esta publicación adelante”, cabe preguntarse también qué hace el presidente prestándose a semejante autobombo que buen dinero habrá costado además a los contribuyentes. Menos mal que andamos en épocas de austeridad.

Está visto que a la hora de vender en el exterior la idea de la tan anhelada paz para los colombianos, que despierta aún tantas dudas entre sus compatriotas, los obsecuentes funcionarios del gobierno no quieren perder la oportunidad de dar cepillo al jefe. Aunque estén ensillando antes de tener las bestias, como se desprende de las declaraciones que llegan regularmente de los negociadores de la guerrilla en La Habana.

@Juan_Restrepo_

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