Un ocaso folclórico

9 de diciembre del 2013

De nada han servido los títulos de profesionales y de doctores, si las universidades se preocupan más por la cantidad que por la calidad.

Lo primero que hacemos cuando verificamos el listado de las mejores instituciones educativas del país –llámese primaria, secundaria y universitaria-, es si de las que se egresan están dentro del ranking bajo, medio y superior. Y al parecer, según las pruebas PISA, Colombia decayó en sus lineamientos y políticas educativas en los últimos años. No es para extrañarse y culpar al gobierno, al congreso, a los educadores y a los estudiantes por semejantes desproporciones cuando el sistema educativo pasó a un segundo plano, porque una cosa es como lo evaluemos internamente y otra cosa muy distinta es como nos están midiendo externamente.

Sin embargo, ello no ha sido el tema de mayor preocupación e interés para la sociedad colombiana. La tendencia ha sido más tecnológica, de moda, de género y de derechos inversos. Siendo estos el gran medidor del status, del rol, de los estratos, de las fotos con excelentes megapixeles que reflejan para unos esa descarga cotidiana y agotadora de la vida entre amigos y familiares, donde abundan los diarios personales públicos de la redes y de los lugares que se visitan en su divertir multicultural. Pese a esto, tampoco hay problema alguno.

Los resultados muestran que cada colombiano presenta un déficit en lectura, matemáticas y ciencias. Pero tampoco debe ser motivo de alarma cuando sabemos que es más lo que se habla de lo que se lee, por la manera tan particular de convertir lo solucionable en problemas, lo académico en escándalo, lo artístico en morbo y lo sano en pornográfico. Adicionándole el déficit en el conocimiento de las matemáticas, que muy a pesar del pobre interpretar operacional y sistemático, se ha aprendido más a dividir que a crear verdaderas sumas como ciudadanos, y complementándole que lo innovador de nuestra aparente ciencia se ha ceñido más a la supervivencia misma de sálvese quien pueda y que el resto mire como resuelve.

Definitivamente, la problemática no son los indicadores que miden nuestro saber. La problemática ha sido otra y de mayor importancia, y a la que menos hemos prestado atención, donde algunos han insistido sin eco y otros aplican la teoría del importaculismo.

Si observamos con detenimiento el recorrer colectivo en los últimos 30 años, seguiremos descubriendo y afirmando sin aceptarlo, que nuestro sistema de valores y de costumbres cambió. Lo que era inmoral anteriormente se convirtió en lo moralmente aceptado en el presente y que el delito ya no es delito para quien lo infrinja en mayor grado y dependiendo quien lo cometa. Ya no se sabe si evolucionamos o involucionamos. Gran confusión según la teoría de “Confucio” como suelen decirle.

Es difícil para ésta generación entender a la otra generación que viene. Nacimos los primeros en la estricta disciplina de las conductas y el discernimiento, donde nuestros padres nos inmovilizaban con la sola mirada y aprendíamos con la amenaza de la sola voz y regla en mano, permitiéndonos adecuarnos al manual perpetuo y vigente que todavía conservamos y que otros lo convirtieron en todo un prontuario de sodomía y de Gomorra. Hoy, esas razones cambiaron para los de estos tiempos, desde el método de la enseñanza y la construcción del porvenir, por cuanto el régimen moderó el trato en los comportamientos, facilitándoles en mayor medida sus inconsecuentes esfuerzos, relegando el papel preponderante de los padres y profesores, sintiéndose estos últimos atados y amenazados por el constante y desacertado cambio moral impuesto por el “Código Delictivo de la Infancia”, impidiéndoles corregirles por los consecuentes traumas en la personalidad, haciéndolos acreedores de lesiones personales en la persona de los niños.

Todo ese sistema complaciente, en el que participamos todos los orígenes ha caído en el debacle absoluto. Aún así, quienes son del manual perpetuo, dan muestras de sus incorregibles actos vergonzosos para con los jóvenes actualizados, por cuanto les han enseñado y les han aplaudido el sentido de pertenencia que encara la mafia, la silicona, los robos, la deshonestidad, la vagancia, la mentira, el morbo, las violaciones y sus herencias perpetuas. Obviamente que nada debemos esperar con todo esto, porque se está  enfermo de mente y de consciencias, convencidos de que nada afecta y nada  perjudica como personas.

De nada han servido los títulos de profesionales, de maestrías y de doctores, si las universidades se han preocupado más por la cantidad que por la calidad, y que cada egresado se muestra deficiente para escribir, para hablar y para innovar, poniendo al descubierto las precarias notas en líneas de comas y puntos, de mayúsculas y minúsculas, el tránsito por las cárceles y las detenciones domiciliarias sin que asombren y preocupen a los espectadores. Peor aún, ni unos buenos días, ni unos hasta luego, ni gracias, ni permiso saben decir en lo más básico de lo simple de la cotidianidad. Mejor dicho y más claro no se puede decir que de nada ha servido ser o no ser de la universidad de los palotes si hay muestra significativa del gran público de cartones que de razones.

Ya es hora de que miremos el cuadro de valores, de reglas éticas y conductas que nos unen como colombianos, y empecemos a darle espacio a la sensatez y a la cordura, porque vendrán tiempos más difíciles, en los cuales no tendremos el control de lo ya descontrolado, y empecemos a preocuparnos y aprovechar la oportunidad que tenemos en darle arreglo a toda esta descomposición, y a seguir aprendiendo de nuestras diferencias y falencias, dejando de darnos por la boca, logrando mayor consenso para darle composición a todo éste caos en el que vivimos.

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-Ya empezaron los que sin tener el crédito de técnicos y futbolistas, auspician que a la selección Colombia le tocó el grupo más fácil y de menor esfuerzo. Como dice el profesor José Pekerman: “les pido a todos los colombianos, tener mesura, pero también confianza.”

-No se demoró Andrés Pastrana en dar el sí para viajar a los honores fúnebres de Nelson Mandela –porque viajar y farándula es su gusto-, y más dolió la muerte de éste último en Colombia que la de los compatriotas del Cauca por el ataque de la F.A.R.C., con cilindros de gas.

-Expresidente Gaviria cree que al país no se le olvida su período y su silencio.

@JorgePerezSolan

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