Una escuela para los niños

12 de febrero del 2015

No podemos olvidar que el modelo de educación en Colombia, en pleno siglo XXI, sigue siendo anquilosado, desgastado y, por qué no perverso.

Llegó el momento de pensar cuál es el norte de la educación en este país, de analizar y definir qué tipo de educación queremos para formar los futuros ciudadanos; de ahí la importancia que gremios y entidades públicas y privadas, al igual que los ciudadanos de a pie, entendamos el qué, el por qué y el para qué de la educación, es decir, conozcamos el modelo educativo de nuestro país.

Y al hablar de este tema no podemos olvidar que el modelo de educación en Colombia, en pleno siglo XXI, sigue siendo anquilosado, desgastado y, por qué  no perverso, seguimos empeñados en prácticas memorísticas donde algunos docentes siguen siendo verticalistas y en no pocas ocasiones intransigentes. Tal vez lo importante para muchos sea formar burócratas, empleados y obreros que sirvan únicamente a la producción industrial, ignorando la economía del conocimiento.

Sin lugar a dudas, la educación debe cambiar para que pasemos de una sociedad netamente industrial a una sociedad donde se vendan servicios y prime la importancia de la información. Debemos entender como sociedad y como gobierno que las estrategias metodológicas de la educación deben estar orientadas a una educación del conocimiento, donde fluyan nuevas ideas que permitan la innovación, bien lo manifestaron los griegos cuando aseveraron que “no se aprende repitiendo sino haciendo cuando nos emocionamos”, por eso hay que transformar la educación de arriba abajo, hay que cambiar la metodología educativa, pasar a métodos que motiven la creatividad, la pasión y el talento de niños y jóvenes. Ken Robinson, experto en desarrollo y creatividad, manifestaba que los Estados no han tenido claridad al momento de implementar un modelo de educación pública que permita salir de los conformismos de la era industrial.

Lo anterior nos lleva a pensar que para poder transformar la educación debemos concentrarnos en una agenda pública a largo plazo, en la cual implementemos un nuevo modelo educativo que despierte el interés investigativo que coadyuve a pasar a la era de la información y la creatividad, donde los inventos se conviertan en ese factor común en cualquier grado de escolaridad. Todo esto es posible lograrlo, si nuestros gobernantes y todos nosotros como ciudadanos nos preocupamos más por la calidad de la educación, bien lo dijo Michael de Montaigne, “…en la educación de los niños no hay nada como atraer el interés y el afecto; de otra manera lo único que se logra son asnos cargados de libros”.

@jaimemejia

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