Uribe y Santos, ¡qué vaina!

23 de junio del 2013

Si, qué vaina, ahí está atrapada la política hoy en Colombia.

Si, qué vaina, ahí está atrapada la política hoy en Colombia. La polarización se entiende como la división de la opinión pública en dos polos opuestos. Divide el escenario, no permite que entren otros agentes al sistema y perpetúa lo que hay.

Esto, aún así, no es necesariamente malo. En muchos países en los cuales hay polarización, el hecho ayuda a crear un sistema en el que la prioridad se vuelve las personas y en donde el partido que no está en el poder hace una vigilancia y veeduría útil al que sí lo está. El problema no está, entonces, en el hecho de que exista una polarización. El problema está en que ésta sea entre personas y egos, como en el que los colombianos ya estamos cansados en los últimos años, Uribe – Santos, y no entre ideas y prioridades. Veamos los dos casos.

Casos de España (Socialistas y Partido Popular), Estados Unidos (Repúblicanos y Demócratas) o Francia (socialistas y derechistas). La polarización no termina siendo más que una constante discusión entre dos agentes acerca de cómo conducir un Estado teniendo, cada uno, sus posiciones muy claramente definidas. Los partidos no son más que conjuntos de personas que se unen alrededor de ideas y principios comunes y que mediante algún mecanismo democrático eligen a sus mejores representantes para que las hagan valer en la arena política. Aclaro, primero las ideas y como consecuencia las personas que las hacen valer. Lo que está fijo son las ideas y lo que rota son las personas. Si es así, el asunto funciona.

Pero aquí, la polarización de la que hoy los colombianos podemos dar fe, los partidos políticos están hechos al revés. Me explico: primero las personas y como consecuencia las ideas. Las personas son lo fijo, Uribe por ejemplo, y las ideas lo variable. ¿Cuál es la ideología del partido de la U? Fácil: El partido de la U no tiene ideología. La ideología de la U es hacer, la mitad, lo que diga Uribe y, la otra mitad, lo que diga Santos. Cuando esto es así, las cosas no funcionan. Y no funcionan porque los miembros no están limitados por nada y si son malos, como en muchos casos, pues se encargan de usar ese poder para beneficio propio. Si a esto, le sumamos que la política permite hacer pasar intereses particulares como intereses comunes muy fácilmente pues le queda una bomba perfectamente letal.

A un político le queda muy fácil decir, por ejemplo, que la construcción de una carretera era “para conectar las zonas aisladas con las grandes urbes y repartir igualitariamente el desarrollo” cuando, en realidad, la construyó porque necesitaba sacar los productos de una empresa familiar a un costo más bajo. Casi todo es justificable en política. Entonces si usted coge a una cantidad de personas malas, les da poder político y no las limita de ninguna forma en su actuar pues adivine qué obtiene: ¡Bienvenido a Colombia!.

Pero si, además, usted polariza en éste escenario la cosa ya pasa de castaño a obscuro. Y pasa de castaño a obscuro porque la prioridad no es, como en el primer caso, los problemas de las personas. La prioridad, ahora, es mantener, acceder y aumentar el poder que se tenga vía ataques personales y disputas de egos. “Es que tú me traicionaste” “Es que me quiero poder cambiar de partido porque tú ya no me caes bien sino que quiero a este otro” bla bla bla….¿Y la gente mientras tanto?¿Dónde quedamos nosotros?.

Una polarización como ésta, basada en personas y no en ideas, desfasa el debate, perpetúa un sistema que no funciona, no permite que entren nuevos participantes y, lo más grave de todo, incentiva a olvidarse de los problemas de las personas. Ojalá que el presidente, por tener nuestro destino en las manos, no se deje meter en ése círculo pendejo de acusaciones personales al que está jugando. Ojalá todos seamos inteligentes y no nos desenfoquemos de lo importante. Ojalá seamos capaces de renovar la política y apoyar movimientos políticos hechos al derecho. Hagámosle el quite a seguir diciendo lo mismo, ¡qué vaina!

@josiasfiesco

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