50 años del festival vallenato; historias de folclor y tradición

25 de abril del 2017

“(…) por que el folclor de mi valledupar, donde el amor nace en mil corazones, eternizó en el alma del Cesar y en la alegría de mil acordeones…” Nació mi Poesía – Fernando Dangond (1981) 50 años hace, cuando en ese abril de 1968, luego de que el gobernador del recién creado Departamento del Cesar […]

50 años del festival vallenato; historias de folclor y tradición

Foto: Shutterstock

“(…) por que el folclor de mi valledupar, donde el amor nace en mil corazones, eternizó en el alma del Cesar y en la alegría de mil acordeones…”

Nació mi Poesía – Fernando Dangond (1981)

50 años hace, cuando en ese abril de 1968, luego de que el gobernador del recién creado Departamento del Cesar Alfonso Lopez Michelsen y otras dos personalidades de la época; la “cacica” Consuelo Araujo Noguera y el compositor y contador de historias Rafael Escalona, pensaron que era necesario crear un espacio de encuentro y homenaje al folclor, seguramente en ese momento, no pensaron en la trascendencia que este encuentro anual generaría en la sociedad cesarense y en todo el país.

Antes de que el festival viera la luz, el vallenato (llamado así por ser oriundo de valledupar y al no encontrar un nombre mejor para llamarlo) era llevado por los juglares, quienes enamoraban acompañados solo de su inspiración y una guitarra.

Para la mojigata alta sociedad valduparense, las parrandas eran vistas como actividades del vulgo y era por eso que, los primeros participantes bajaban de la sierra y de distintos rincones del país, algunos incluso a lomo de mula, fue así como ese primer “Rey Vallenato”, fue nada mas ni nada menos que Gilberto Alejandro Duran Diaz o el “negro alejo” como era conocido en los campos del pequeño caserío en El Paso (Cesar), donde compartía el tiempo entre vacas y animales de finca.

Antes de ese primer festival, realizado en el patio de la casona tipo colonial de Hernando Molina, la historia se mezcla entre mitología y leyendas populares, de acordeonistas peleando contra demonios y de juglares cantándole a ríos, montañas y lagunas.

La época del oscurantismo vallenato

” (…) El que nunca ha estado ausente no ha sufrio guayabo, hay cosas que hasta que no se viven no se saben…”

Ausencia Sentimental – Rafael Manjarrez (1986)

Foto: @AutorVallenato

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El vallenato no era vallenato sino hasta cuando la alta sociedad valduparense se preocupó por formalizar un espacio de folclor y cultura campesina, enmarcado en un festival, antes de esto, los espacios de encuentro de juglares no eran tan bien vistos.

Los juglares en la Europa medieval, era como se conocían a aquellos artistas populares, que con la interpretación de algún instrumento, contaban historia o hacían malabares, sin embargo en la provincia de Padilla, esta definición no distaba mucho de la realidad de la época, se le llamaba juglar a aquel que interpretaba un instrumento, componía y cantaba.

Hacia 1840, estos artistas populares, eran mensajeros de sentimientos, que acompañados de una guitarra, alegraban las noches oscuras y fue hasta cuando los barcos de la época, trajeron la primera acordeón, convirtiéndose luego en complemento con la caja y la guacharaca.

Dinastías de ensueño

En ese trasegar de la historia musical del acordeón vallenato, distintas fueron las familias, dentro de las cuales, nació y se nutrió la vena musical y la tradición.

Entre notas y letras, las primeras familias dedicadas a engrandecer el folclor, empezaron a ser reconocidas en todos los círculos sociales y parranderos de la época, entre ellas; la familia López (Miguel, Alvaro, Navin, entre otros) y la infaltable familia Zuleta, como los mas representativos.

Es el municipio de Villanueva (La Guajira), la región que quizá, mas dinastías musicales ostenta, entre familia de cantantes, compositores o interpretes de instrumentos en general, transcurren los días en esta pequeña población del sur de La Guajira, única población que ademas se da el lujo de tener dos premios Grammy, sumados a los ya ganados por Egidio Cuadrado al lado del samario Carlos Vives.

Presente y futuro del vallenato

” (…) Este mundo lo daña el modernismo y tu andas metida en la nueva ola…”

Así no sirve – Fabian Corrales (2002)

Son muchos los escenarios y los países en los que una acordeón a ritmo de puya, merengue, paseo y son (y ahora el romanza, recientemente agregado) ha alegrado corazones, son muchos los artistas que hoy día son reconocidos en el mundo, pero fue hace muy poco que las puertas del país y del mundo se abrieron para el ritmo del cacique Upar, algunos le achacan esa causa al samario Carlos Vives y otros al villanuevero Jorge Celedon.

Su carácter universal creció mucho mas cuando la UNESCO en el 2015 reconoció el vallenato como patrimonio inmaterial cultural de la humanidad, por lo que se dice que no hay fronteras para este ritmo, sin embargo, la frontera está en los compositores y los caminos por donde los nuevos artistas quieren llevar esta tradición, hasta que punto, es valido fusionar la tradición con modernos ritmos, arriesgando a terminar con una tradición de no pocos años.

Ya venían gestándose varios riesgos para la tradición; la falta de mas espacios populares para su interpretación, la “elitización” del ritmo, las fusiones y mezclas, así como la masificación del mismo, por intereses económicos.

Hace poco veíamos en redes, la álgida discusión entre los compositores Omar Geles e Ivan Ovalle, frente a si era valido o no mezclar vallenato y reguetton. La discusión finalmente era zanjada por los réditos que este tipo de fusiones le traía a la música.

El vallenato no es solo lo que hoy se ve en muchos de sus nuevos interpretes, letras sin sentido y melodías desafinadas, acomodadas a la fuerza para cumplir con el pedido comercial como ahora, sino que con los años, parió letras de incalculable valor, como; “Yo soy el indio”, “Oye bonita” “Mi hermano y yo”, “Paisajes de sol”, “La gota fría” y muchas mas.

No en vano la principal recomendación de la UNESCO cuando fue nombrada como patrimonio inmaterial cultural era justamente esa; la necesidad urgente de salvaguardia, que no se perdiera su esencia, que lo que lo hace autóctono se mantenga y eso implica, volver a las raíces, a aquellas que hacían de este ritmo algo único, propio del sentir popular y no un simple producto del mercado y las grandes sumas de dinero.

El pasar de ser un ritmo de parias a un ritmo mundialmente reconocido trajo consigo tres problemas fundamentales. El primero es asumir que cualquier canción que tenga acordeón, es vallenato, lo cual es clara y abiertamente falso.

Lo segundo es que cualquiera que se haga llamar músico o peor aun “artista”, puede hacer vallenato, así no tenga voz o los mas mínimos conocimientos de melodía, métrica o letra y por ultimo, que al conventirse en un ritmo universal, pueda ser fusionado con cualquier otro, perdiendo por completo su esencia.

Desde este 25 de abril y hasta el próximo 30, hay una nueva oportunidad, la numero cincuenta para salvar nuestro vallenato, el propio, el único, que suenen los acordeones en busca de nuevos aires, que suenen los acordeones con caja y guacharaca, pero que siempre mantengan, eso que lo hizo grande, ser un ritmo del pueblo.

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